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Una más con mi ricurita

A petición de mi ricura, escribo esta historia para deleite principalmente de ella y de quien disfrute de leer nuestras aventuras...

En una historia anterior conté sobre esta exquisita dama que conocí en el chat de este sitio y con quien he tenido el dichoso placer de compartir variadas y muy placenteras aventuras, como la que a continuación relato.

Ella es una delicia en todos los sentidos y, en nuestro primer encuentro (relatado en mi anterior historia) ella lucía una hermosa panochita natural, sin depilar que se le veía hermosa, pero para este encuentro que estoy por relatar, yo le había estado insistiendo en que me dejara depilarla, pues tenía ganas de saborearla completamente sintiendo la piel de su exquisito sexo. No fue sencillo convencerla pues a su marido no terminaba de agradarle la idea porque a él le gusta más al natural pero creo que la idea de sentir mi piel en contacto directo con la suya y la idea del juego, la llevaron a convencer a su marido de dejarme rasurarla (al fin y al cabo podía dejarse crecer el vello nuevamente, ¿no? ¡jeje!).

El día que nos vimos ella llevaba un vestido corto con unas mallas que hacían destacar la belleza de sus piernas y remarcaban su deliciosa sensualidad. Estando solos platicamos, reímos, bailamos, bebimos, nos besamos... En medio de un riquísimo faje y mientras la manoseaba rico le recordé que ese era el día en que le rasuraría su conchita para poder jugar muy rico con ella, así que la llevé al sillón, coloqué una toalla, levanté su faldita hasta su cintura y la recosté. Al traer mis utensilios para rasurarla, le quité su tanguita, que era de una tela muy delgadita y suave, abrí sus piernitas, poniendo una de ellas en el suelo y la otra sobre la cabecera del sillón y, se veía tan deliciosa y sexy que no pude evitar darle unas lamiditas en ese exquisito bizcochito que tiene mi ricurita, que dicho sea de paso, ya lo tenía bastante húmedo para ese momento. Después de unas poquitas lamiditas, comencé a recortar su vello púbico y al hacerlo, se lo movía con mis dedos de un lado a otro con la intención de que el movimiento llegara a su sexo para mantenerla excitada, y de la misma forma, al sacudirle el vello que iba cayendo, al ponerle la crema para rasurarla y al irla rasurando, fui teniendo la sutileza de ir rozando su vulvita y su clítoris constantemente de manera que la experiencia fuera excitantemente cachonda para ella, y lo fue, pues al llegar a la parte de enjuagarla y ponerle aceite (un aceite especial que yo preparo) para humectarla, su deliciosa conchita ya escurría esos deliciosos jugos que le salen tan deliciosos y que ahora se veían en todo su precioso esplendor delante de mí, así que le froté el aceite en toda su pelvis y recorriendo sus labios, sus ingles y rozando su muy excitado clítoris todo el tiempo y ella ya sólo gemía y entrecerraba sus ojos muy cachondamente hasta que me detuve para guardar todas mis cosas y volver a ponerle su tanguita, levantarla del sillón y besarla una y otra vez mientras bailábamos muy pegaditos.

Después de besarle el cuello y acariciar sus deliciosas nalguitas, le susurre al oído: -Paty, sabrosa, hoy voy a cachondearte y disfrutarte delicioso, mi cielo- y en seguida, tomándola de la mano la llevé a nuestra silla especial (tú sabes a qué silla me refiero, ¿verdad, Paty rica?). Volví a levantar su vestido hasta su cintura y, mientras la besaba, fui quitándole la parte alta de su vestido hasta bajarlo también hasta su cintura y poder así acariciar esas riquísimas nalgas que tiene. Sin dejar de besarla, comencé a acariciar su vulvita por encima de la tela de su tanga y la hice que se sentara en la silla, con sus piernitas abiertas para que yo pudiera seguir tocando su delicioso sexo. Se podía sentir cómo su tanga se iba, no humedeciendo, sino empapando de sus riquísimos jugos que no paraban de emanar de esa hermosa cuevita recién rasuradita y lista para ser devorada por mí.

La coloqué en la silla de manera que sus nalguitas quedaban en el borde de la silla e, hicándome frente a ella, comencé a besar su rico sexo por encima de la tela de su sexy tanga. La tocaba suavemente con mis labios y la recorría con mi nariz, sintiendo cómo su tanguita se iba mojando más y más. Comencé así a lamer su vulva y a succionar su clítoris por encima de su tanguita. En repetidas ocasiones ella intentó hacerse a un lado la tanguita, ofreciéndome la plenitud de su caliente sexo, pero yo le quitaba la mano y le volvía a acomodar la tanga para seguir comiéndomela así, entonces ella, con voz entrecortada, preguntó: -¿Qué no la idea de rasurarme era poder sentirnos piel a piel, ricura?- mi respuesta fue una profunda succión de su clítoris al tiempo que metía mi dedo pulgar en su conchita con todo y tanga, la cual ya se encontraba escurriendo la deliciosa miel de mi exquisita amante, y entonces le pregunté: -¿De quién es este exquisito bizcocho, mi vida?- a lo que, gimiendo, respondió: -Tuyo, mi amor, tuyo- y en la manera de su respuesta pude ver el grado tan alto de excitación que había en ella, y que era excelente para lo siguiente en mi plan, así que le dije: -Entonces, Paty hermosa, voy a hacer con esta conchita, y contigo, lo que se me antoje- su respuesta no pudo ser más sencilla pero cachonda: -Sí, papito-

En ese momento, me levanté del suelo, me hice hacia atrás y me senté de frente a ella, la vi directo a sus ojos encendidos en deseo y le dije: -A ver, mi reina, tócate rico para mí, sin quitarte la tanga, quiero que la dejes bien mojada, más de lo que ya la tienes- Ella comenzó a tocarse muy rico, sin apartar su cachonda mirada de mí, de manera que yo podía ver su gestos tan excitantes y la manera tan rica que se tocaba para mí... -Paty, quiero que te bajes la tanga hasta la cadera y te metas un dedo lo más que puedas, sin quitarte la tanga ni hacerla a un lado, que la tanga cubra tu dedo mientras entra en tu rica panochita- Ella me veía y muy obediente hacía lo que le pedía... Se veía hermosamente deliciosa siguiendo mis instrucciones y haciendo expresiones de placer conforme iba haciendo lo que le pedía.

Llegó el momento en que su tanga literalmente escurría de lo empapada que ya estaba, así que le dije que se la quitara. -Quiero que uses tu tanga para masturbarte, frótate tu vulva y tu clítoris con ella-, le dije, y ella obedeció una vez más, perdiéndose en el placer de lo que las sensaciones le provocaban. -Paty, mi vida rica, vas a meterte esa tanguita en tu puchita y te vas a masturbar con ella para mí, cielo sabrosa-, sin titubear, ella empezó a meterse poco a poco la tanguita; su precioso sexo ya escurría tanto que la tarea no le fue nada difícil y la tanguita entraba hasta el fondo y ella la jalaba de nuevo hacia afuera para luego volvérsela a meter.

Tal espectáculo era tan extremadamente excitante que yo la observaba ya con verga en mano y también dándole a ella un espectáculo que la inspirara a seguir dándose tan rico placer. Ella gemía, hacía expresiones tan cachondas con su bello rostro y articulaba lo que parecían palabras que no eran entendibles pues se mezclaban con suspiros, gemidos y pequeños gritos ocasionales, en uno de los cuales, y con tono de cachonda desesperación me dijo: -¡Ya papito! ya dame de esa rica verga que es mía, ¿sí?- Después de esa frase, cojimos de una manera tan deliciosa y por supuesto que le comí su conchita libremente, sintiéndola en todo su esplendor, disfrutando de esa piel tan tersa que tiene y de todo el sabor tan exquisito que emana de ese manjar que mi Paty sabrosa tiene entre las piernas...

Gracias por dejarme disfrutarte, ricura, y gracias por tanto placer. Qué bien que valió la pena la rasurada, ¿verdad?

Besos, ricurita.



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