historias reales de nuestros usuarios
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Lo estuve pensando toda una semana, hasta que por fin acepte el juego de la prostituta quien, dentro de la dinamica de dicho juego, es supuestamente subastada por su proxeneta. A la luz mortecina del bar, espero sentada consumiendome de los nervios. Mi vestimenta para dicha ocasion, es provocativa pero con un toque de elegancia, con medias negras y liguero rojo escarlata, junto con pantaletas del mismo color. Jamas empleo tangas, pero ni falta que hace: Las pantaletas en cuestion son sedosas y tremendamente trasparentes como alas de mariposa. El hombre (que hace las veces de mi proxeneta), se encuentra sentado junto a mi cuerpo. Mis musculosas piernas pugnan por escapar de la falda entallada de color negro, son arrolladoramente visibles y los escasos parroquianos bebiendo en la barra del bar durante aquella tarde-noche, furtivamente lanzan miradas candentes sobre mis piernas, mismas que permiten entrever las pantaletas al fondo como un bello triangulo invertido , y en eso aparece el cliente con quien hice tratos por internet. Mi maquillaje era sobrio, mis ojos artisticamente pintados, y mi boca de un rojo carmesi. En ese insytante, siento tremendos deseos de orinar de la emocion, mientras continuo bebiendo a pequeños sorbos mi limonada con agua mineral.