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Noche lujuriosa

Hace algunos años mi esposa y yo disfrutamos de un buen encuentro sexual por las noches después de arropar a los niños y dejarlos en su recámara, siempre tratan de tener algo para alegrar la velada como cerveza o tequila, poníamos una película 🎥 y nunca terminábamos de verla porque la calentura y exitacion siempre eran más grandes que la atención a lo que pasaba en la tv 📺, el inicio de caricias, besos, toqueteo, cachondeo y lujuria aumentaban conforme la noche transcurría y siempre terminaba con una buena sesión de sexo placentero, al principio me encanta mamar panocha, beber los jugos de la vajina que tiene ella, abundantes, tibios, saladitos pero sobre todo deliciosos. Después de sentir ese placentero y exquisito momento al hundirme entre sus labios y disfrutar como ella me hunde con sus manos para que no desperdicie ni una sola gota 💦 de ese rico néctar me coloqué detrás de ella para penetrarla y con mis dedos estimular su clitoris que ya estaba hinchado por l sesión de lengua que ya había tenido anteriormente, le susurre al oído y quería sentirse llena, ella solo pregunto cómo le haría y solo respondí que le tenía una sorpresa, no sé si fue por la excitacion del momento o la curiosidad pero su respuesta fue un siiiiiii largo y susurrado. Me levanté de la cama, me dirigí al buró y saqué un dildo, de unos 25 cms., cabeza redonda y grande, un par de huevos en la base y lleno de venas como la mía, ella quedó sorprendida, no sé si por el tamaño, o la forma o el color, era todo Rosita, le puse un condon y comencé a mamarle su pucha nuevamente y empecé a juguetear con ella con el dildo en mi mano tratando de insertarlo en su panocha, al momento de ingresarlo dentro de si ella solo suspiro arqueando todo su cuerpo gozando de esta experiencia, me volví a colocar detrás de ella y comencé a penetrarla nuevamente con mi verga en su vagina la cual ya tenía nuestro juguete nuevo y abriendo camino entre el fui introduciendo mi pene en esa puchita la cual estaba llena y se sentía apretada con ese intruso ahí. Ella no solo gemía, suspiraba, se retorcía de placer diciendo que le encantaba, ya al agarrar ritmo entraban y salían los dos a un tiempo y ella solo se dedicaba a disfrutar mientras yo procuraba no perder el paso del vaivén de la situación, al estar así en esa posición no tardó mucho tiempo en venirse y al sentir como comenzaba a convulsionar y a hacer sus movimientos con más ímpetu yo bombeaba cada vez más rápido mientras ella decía ordenanando "no pares sigue sigue", yo solo me limitaba a obedecer sus deseos y a disfrutar el momento de placer que estábamos experimentado por nuestro nuevo cómplice de cama. Así fue como poco a poco fue creciendo la inquietud de tener a un invitado de verdad en nuestras noches lujuriosas.