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La Seño de la Tiendita
Andaba de noche por el parque frente a la biblioteca México, y noté a una pareja alrededor de la fuente; ella traía una falda corta que dejaba ver unas piernas muy carnosas. Ya varios hombres se habían acercado, pero curiosamente se habían alejado muy rápido. Me animé a hablarles, “buenas noches”. Y me respondieron de igual manera en un tono poco amable. Y ahí te voy de nuevo, “¿trabajando o divirtiéndose?”. “Andamos paseando”, respondió el hombre; pero ésta vez, su respuesta fue más agradable. “¿Les puedo invitar algo de tomar?” pregunté. Al escuchar eso, la pareja se detuvo y el hombre me dijo ya en un tono amable, “¿Qué propones? Pues tomamos una copa, platicamos, y si hay química…vamos a un hotel a divertirnos, respondí. Nos fuimos en mi Pointer blanco a un table de la Zona Rosa. En uno de los shows privados comente, ¡Que chulas piernas tiene esa chava! La señora respondió que ella las tenia más bonitas y pasó su pierna derecha sobre mi pierna izquierda. Con mi mano derecha recorrí desde su pantorrilla hasta su pierna; luego me aventure a recorrer debajo de la falda, hasta la orilla de su tanga. Cuando nos dimos cuenta, ya varios ojos estaban sobre nosotros. Pagamos a michas y nos salimos de ese lugar. La señora quería ir a ver prostís; y nos fuimos a Sullivan. Al llegar la señora dijo, “Ahí hay un lugar para mí, ahí falto yo”. Pero esa era otra fantasía para otro momento. Ya de ahí nos fuimos a un hotel frente al teatro Metropolitan. En la habitación, el señor puso una película porno, y yo me puse a agasajar con su esposa. Nos abrazamos y besamos cachondamente. Mis manos se atascaron apretando y sobando esas ricas nalgotas; al mismo tiempo, le restregaba mi verga en su panocha. Mientras tanto, el señor veía la película xxx, y observaba como gozaba su esposa. La señora se arrodilló junto a la esquina de la cama a chupar mi verga. Se tragó mi tronco lentamente; sus labios recorrían una a una las venas de mi palo. Se lo metió hasta adentro de su garganta; y una vez dentro, recorría en círculos alrededor de mi glande. ¡Que rica chupada de verga! Acosté a la señora en la cama con sus patitas en mis hombros. Estaba listo para meter mi camote en su conejito cuando descubrí aquel culito. Hice a un lado su tanga, puse mi fierro en la entrada de ése hoyo negro y empuje un poco. La señora me dijo que por ahí no. Pero no la escuche nada firme en su tono de voz. Así que, otra vez puse mi reata sobre su asterisco y le di otro empujón hasta que entró toda mi verga. ¡Agghhh! Gimió la señora. Creo que ése hoyo estaba reservado, pues la señora dijo, “Perdóname mi amor, pero esta bien rica su tranca.” El señor le sonrió y se acostó boca arriba en el centro de la cama. Su esposa hizo a un lado su tanga, se clavó su falo en su chocho y volteó a decirme que le metiera mi verga en su trasero. La hicimos sándwich un buen rato, cogiéndonosla por sus dos agujeros. El señor jadeó diciendo que se iba a venir; y jalé a la señora para que le quitara los mocos de su plátano. El chas, chas de mi verga en su trasero y ver su lengua limpiando los mecos de su esposo me prendieron más. Puse a la señora en la orilla de la cama y bajando su tanguita debajo de sus nalgas, volví a meter mi falo en su ogete. La sujete de las caderas y mientas arremetía con mi trozo de carne en su culito, sus nalgas chocaban contra mi pelvis. ¡Más, más, quiero más! gritaba mi escandalosa señora. Su esposo fue al baño y la señora me dijo, “soy toda tuya, hazme lo que quieras.” Me senté a la orilla de la cama y la señora se quitó su tanga para sentarse en mi verga. Mientras su asterisco se daba sentones sobre mi pito, yo le masajeaba sus voluptuosos senos y le pellizcaba sus pezones. “Ugh, ugh, ugh,” gemía la señora; al oír esto, le di dedo a su panocha para que sintiera más lujuria. Me pare y agache la señora frente al tocador, lo más alejado de éste para que su trasero estuviera bien empinado. Metí mi verga en su culo para seguir culeándola; pero ésta vez le di cachondas nalgadas. Cuando mi leche iba a brotar, saque mi falo y embarre mis mocos en sus nalgas. Los fui a dejar al hotel Fernos, la señora mi dio un beso en la boca y su esposo me dio las gracias por participar en sus juegos. Durante ésta experiencia, la señora me comento que trabajaba en la tienda de una secundaria; en el estado de Hidalgo.
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