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Historias y Relatos Swinger

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Fiebre de verano

Viajamos improvisadamente, un grupo de amigos y familiares a las playas de Veracruz. Mi prima usaba un bikini negro que dejaba admirar su joven y delicioso cuerpo, el cual yo había disfrutado ya algunas veces. Jugábamos y nos divertíamos en grupo y eso me servía para disimular un poco mi erección provocada por la figura y los movimientos de mi primita, primero en la playa y después en la alberca de un balneario. Yo miraba como los asistentes al balneario seguían con los ojos a mi prima cuando salía de la alberca y se acostaba a tomar el sol. Teníamos el plan de quedarnos en un hotel y regresar descansados al siguiente día. Sin embargo, al atardecer, cuando fuimos al hotel que teníamos planeado, nos encontramos con la noticia de que estaba lleno. No pensamos antes en reservar habitaciones. Así que íbamos en caravana hotel tras hotel para ver si teníamos la suerte de encontrar lugar. Mi prima y yo eramos los encargados de ir a preguntar, mientras los demás permanecían cansados en los autos. Luego de dos o tres negativas , llegamos al hotel de la suerte. Al preguntar en la recepción nos dijo la encargada que se acababan de desocupar dos habitaciones amplias, pero las estaban limpiando. Si queríamos esperar un ratito, estarían listas. -Si gustan pueden subir a mirar la habitación que están limpiando- nos dijo la señora de la recepción. Así lo hicimos. Yo andaba muy caliente y admiraba siempre que podía, las deliciosas piernas de mi prima, que usaba un short corto, de mezclilla. Pellizcaba sus redondas nalgas mientras íbamos por los pasillos y ella reía  y respondía con otro pellizco. Entramos a la habitación, que contaba con una muy bonita vista de la playa, pero notamos que ya estaban arregladas las camas y la camarera no estaba ahi, probablemente limpiaba el otro cuarto.  Aproveché ese momento para abrazarla y darle un apasionado beso al que ella rápidamente respondió. Sin pensar en otra cosa, la acosté en la cama y le bajé su short, su tanguita y rápidamente la penetré de un sólo impulso. Ella estaba igualmente excitada y se movía a un ritmo frenético para facilitar mis embestidas igualmente aceleradas. Solamente fueron unos instantes, pronto le saqué mi verga, muy tiesa y caliente y, ella rápidamente se subió su breve short y nos dirigimos, temblorosos de la excitación, hacia la recepción, para confirmar que si nos gustaba la  habitación y la pagaríamos en ese momento. Yo trataba de disimular mi excitación sin saber si lo lograba. Respiramos hondo y nos dirigimos a los autos para decirle al grupo que habíamos tenido mucha suerte!



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