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INTERPRETANDO ROLES

Durante un tiempo estuve intentando convencer a mi mujer de intentar algo nuevo, sin ningún éxito, hasta que hace un mes me abordó preguntándome que sugería. Le plantee una situación de roles, dónde interpretara una prostituta y para que fuera más real y emocionante, la dejaría en una esquina vestida con ropa provocativa, para después de dar una vuelta a la manzana, realizaríamos nuestros respectivos papeles y terminariamos en un motel, a lo que ella aceptó.

Ese día se esmeró en su arreglo como nunca: estrenó un brassier de encaje negro, una tanga de hilo dental y su respectivo ligero y medias negras, zapatillas y un finisimo y delgado vestido escotado. Por supuesto para el frío de la noche decidió utilizar una gabardina corta para poder lucir sus deliciosas piernas. No está por demás decir que salimos nerviosos y emocionados. Era alrededor de la 1 AM cuando la dejé a media cuadra de una avenida más o menos céntrica, acordando que no debería yo tardar más que lo necesario en dar la vuelta a la manzana. Pues en lo que llegue a la esquina, alcancé a ver por el retrovisor que un carro se detenía con mi mujer. Eso fue algo en lo que no pensamos ni pláticamos, pero por los nervios de mi mujer creí que lo batearia. Cuál sería mi sorpresa al regresar con ella, que ya estaba sentada adentro del auto. Me detuve detrás de ellos y les eché las altas para que supiera que ya había llegado por ella porque al parecer no se había percatado. En ese momento recibo una llamada en el celular y era ella, diciéndome que los siguiera. Imaginen mi sorpresa por el cambio de planes. Antes de entrar a un motel, se detienen y ella se baja, le da la vuelta hasta el lado del conductor y veo que se despide con un beso, para posteriormente subirse al carro. Sorprendido le pregunto que pasó y me pide meternos al motel. Ya en la habitación me avienta a la cama y empieza a desvestirse con una cachonderia riquísima contándome lo que pasó. El cliente le pidió solo un servicio de una mamada y ella se calentó tanto que aceptó. Cuando se quitó el vestido pude notar que no traía la tanga puesta y que de su depilada entrepierna escurrian sus líquidos de la gran excitación que se cargaba. Me contó que el miembro del "cliente" era grueso y largo y que tenía un sabor delicioso, realizando una descripción detallada de como se lo sacó del pantalón y lo metió a su boca, pasandole la lengua por toda su extensión. Para ese momento ya me había provocado una tremenda erección y de ahí ella pasó a la acción, haciendo lo mismo que me describía. Cuando le pregunté porque no traía la tanga puesta, me dijo que fue tanta su calentura, que ella misma se la quitó, pidiéndole al "cliente" que la tocara. En ese momento tomó mi mano y me describió gráficamente como la había tocado y penetrado con su dedo, pero como eso no le calmaba la calentura, le pidió que le metiera otro dedo, cosa que yo también hice. Para ese momento eran ríos de líquidos que escurrian de su vagina y que llevaba su cuarto orgasmo. "¿Cómo que el cuarto?" Me contó que después de subirse al carro le pidió al "cliente" checar lo que quería que se comiera y que cuando tuvo entre sus manos ese miembro, fue tanta su emoción de estar con otro hombre que no era yo y que además pensara que era una prostituta real, que tuvo el primer orgasmo, y mientras la dedeaba en el trayecto y le daba su servicio, tuvo otros dos. En ese momento nuestra calentura era tanta que nos desinhibimos por completo. La recoste en la cama y saboree los labios de su vagina, circule mi lengua por su clítoris y bajé hasta su ano, descubriendo sorprendido lo dilatado que se encontraba. Mi mujer nunca me había dado su culito, pero en ese momento supe que esa sería la noche. Continúe lubricandoselo hasta que le metí un dedo y en ese momento ocurrió otra sorpresa más: tuvo un squirt o eyaculación. Quedé completamente cubierto de sus líquidos. En ese momento me lo pidió con un grito desesperado: "metemelo". Ni modo, se lo había ganado y era su noche. Así que con cuidado le fui metiendo la punta lentamente, y al pasar el glande y mientras le acariciaba el clitoris, me dijo "lo quiero todo" y moviendo sus caderas, ella sola se fue ensartando mi miembro y terminó diciéndome lo delicioso que sentía y que no entendía como no le había rogado más porque me lo diera. Estábamos con la lujuria a mil y esa noche probamos todas las posibles posiciones, quedando agotados y con las ganas de seguir experimentando.



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