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Historias y Relatos Swinger

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Historias y Relatos Swinger

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Reminiscencias del Pasado

!Hola! Fue lo primero que me dijo al entrar en el café que nos habíamos citado. Aún me encontraba nervioso por el hecho que llevaba tiempo sin verla. Ella había cambiado con los años, pero en su sonrisa no había hecho mella el tiempo, por el contrario, había acentuado sus rasgos más femeninos, su carácter de mujer.

La humedad en mis manos delataba mi nerviosismo, pero ella no lo notó porque me saludó con un beso en la mejilla, acercándose lo suficiente para que la mano que había extendido para saludarla se posara en su cintura, a la altura de sus caderas aún firmes.

 Con voz un poco más fuerte de lo normal, me ofrecí a ir por una bebida para ella. Aceptó un té frío, y yo me pedí otro café, sin darme cuenta que no había terminado el que tenía sobre la mesa. Cuando regresé con las bebidas volteó coqueta y me dijo que se había tomado el mío, sonreí y le dije que no se preocupara, que había traído otro.

Platicamos de los tiempos de escuela, evitábamos el presente. Reímos de aquellas situaciones que se suscitaron en la universidad como si hubieran pasado ayer. Entre las risas, nos descubrimos nuevamente en la mirada y poco a poco mi ser se encontró con la hermosa placidez de la confianza de antaño.

Inevitablemente, hablamos del presente, no con mucho afán, sólo lo hicimos como acto protocolario, con la finalidad de lanzar un hilo que nos permitiera regresar a la realidad del presente, al menos por mi parte esa fue la intención.

No había mucho que decir acerca del hoy, ambos vivíamos felices con nuestras parejas, no teníamos problemas de ningún tipo, y éste encuentro entre amigos era sólo eso.

- Cuando nos dejamos de hablar, no lo hicimos de la mejor manera, fue muy triste para mí-. Me comentó de repente después de un largo silencio.

-Sí, fue una pena-. Le respondí en un susurro.

-La vida da muchas vueltas, ahora soy feliz con mi familia, él es un hombre bueno, tengo un negocio propio y a él le va muy bien en su trabajo.

-Me alegro mucho por ti-. Le dije de corazón. Ella acercó su silla a la mía y preguntó por mí y mi familia.

Yo le conté acerca de ella, que era feliz con mi esposa y de algunas anécdotas divertidas que había pasado, ella celebraba con regocijo cada una de mis experiencias. De pronto se levantó y me dijo que iba al baño, yo no pude evitar seguirla con la mirada. Sus ajustados pantalones sastre marcaban su figura espléndida.

A medio camino del baño, se detuvo sin que yo me diera cuenta. Cuando levanté los ojos saliendo de mi estado absorto, descubrí su mirada alegre y coqueta, me sonrió y dando un pequeño brinquito siguió su camino al baño. Cuando regresó, no se sentó, tomó su bolso y me dijo. -Ya me aburrí aquí, invítame una cerveza, aquí adelante hay un bar-.

Contesté con un asentimiento de cabeza, me levanté y salí hacia la puerta para dirigirnos al bar. Ella me siguió, y al salir del café, me tomó del brazo, y caminamos sin decir nada.

Cuando llegamos al bar, lo único que encontramos fue un sillón desocupado, todos los presentes se encontraban en las mesas y barra, viendo el partido de futbol.

Pedimos un par de cervezas, me senté y recargué el brazo en el respaldo del sillón, ella se sentó muy cerca de mí. No se recargó en el respaldo, se sentó al filo de del asiento, con las piernas cruzadas, descansando su pie sobre una de mis pantorrillas. Cuando el mesero llegó con las cervezas me dijo. Salud, y bebimos las cervezas de un trago.

Tomamos otra ronda de un trago y después de una tercera, me fui al baño. Me miré en el espejo, y mi mente divagó por un momento, el bulto en mi pantalón delató mis pensamientos. Respiré profundo y regresé decidido a tomar la iniciativa. Ella me esperaba, sentada en el filo del sillón, con las piernas cruzadas y recargada en sus rodillas, juntando sus senos de manera insinuante.

Me senté también al filo del sillón, tomé una de sus manos, volteó a verme a los ojos y me regaló una pequeña sonrisa. Me acerqué a ella y aspiré el perfume de su maquillaje y posé mis labios sobre los de ella, así pasamos algunos instantes, no fue un beso, sólo fue un juntar nuestras bocas, después de unos breves instantes ella sonrió y me dijo en un susurro imperceptible que más bien intuí por el movimiento de sus labios sobre los míos. Ella dijo Sí.

Sin soltar su mano, me acerqué a la caja y pedí mi cuenta, pagué y al salir del bar tomamos un taxi. Le pedí que nos llevara a un hotel, cuando pronuncié éstas palabras ella se sonrojó un poco. Me recargué en el asiento y sólo solté su mano para abrazarla. Mientras la besaba, tomé su mano que descansaba en mi pierna, la llevé al bulto que amenazaba con romper mi pantalón, ella sólo respondió con un suave apretón.

Cuando entramos en la habitación, dejamos nuestras cosas en los sillones que había en la habitación, no dijimos nada, ella se dirigió al baño. Después de unos breves instantes me llamó, y me pidió que pasara. Cuando entré se encontraba de pie frente al espejo, con la blusa a medio desabotonar. La abracé desde atrás y ella recargó su trasero en mí, mientras la besaba en el cuello.

Le quité la blusa y ella llevó su pelo hacia adelante con la finalidad de que desabrochara el sostén con más facilidad. Una vez liberados sus pechos, la gravedad hizo efecto en ellos, suplí las copas de la prenda con mis manos y los levante suavemente en una caricia, ella sólo dio un suspiro entrecortado.

Desabroché su pantalón, y ella se volteó hacia mí, me quitó la camisa, me besó y recargó su pecho sobre mi torso desnudo. Pude sentir la calidez de su pecho, la dureza de sus pezones, y su agitado aliento en mi boca mientras me besaba. Instantes después, se arrodilló frente a mí. Me quitó los botines y los calcetines; desabrochó mi pantalón y me desnudó por completo.

Besó mi pelvis, mis piernas, mis rodillas, mientras acariciaba mis nalgas y finalmente colocó mi miembro erecto en su boca. Lo recorrió lentamente, sin prisa, hasta mis testículos, los besó mientras aspiraba profundamente. Se separó un poco y me miró a los ojos y volvió a sonreír de manera divertida.

-Te gusta, ¿verdad?

-Siempre

La tomé de la mano y la levante para besarla nuevamente, me arrodillé ante ella y le quité las zapatillas, las medias cortas y besé sus pies, cada uno de sus dedos, uno a uno ella soltaba pequeñas risitas diciendo que le hacía cosquillas, pero me veía con la mirada encendida.

Bajé su pantalón y descubrí una hermosa ropa interior de encaje que enmarcaba su pelvis. Besé su abdomen un poco flácido y con estrías por la maternidad, a pesar de sus protestas, a mí me parecía delicioso, suave, de textura amable. Baje lentamente y bese sus piernas, poco a poco, fui acercándome primero a su pelvis y después bajando por su monte de Venus, hasta llegar al pequeño bulto de su clítoris. Lo besé, dejé que el pequeño capullo palpitara entre mis labios protegido por la ropa interior; mientras lo acariciaba con la punta de mi lengua. Suave, siempre suave, porque ella siempre ha sido así, suave.

Bajé su ropa interior para dejarla completamente desnuda. Ella subió una pierna sobre mi hombro y tomó mi cabeza entre sus manos, su olor invadió mis sentidos, sentí la textura de su vello púbico en mi rostro y pude por fin saborear aquel fruto prohibido.

Besé sus labios con frenesí, los abrí con mi lengua y recorrí su interior hasta encontrarme con su vulva ahora desnuda, la tomé con los dientes y ella dio un largo suspiro, sus piernas temblaron un poco, y se apoyó completamente en mí para no perder el equilibrio. Después de unos breves segundos, volteó a verme, bajó su pierna y me ayudó a levantarme, tomando un poco de papel higiénico, secó mi rostro con la delicadeza característica de la mujer y finalmente me besó.

Me tomó de la mano y me llevó a la ducha, abrió las llaves y mientras esperaba que saliera el agua caliente, yo la besaba. Cuando logró templar el agua a su gustó, amarró su cabellera en un chongo sencillo y a mí me puso la gorra de baño, soltó una carcajada y me dijo. Te ves ridículo. Intenté quitármela, pero me lo impidió.

Me metió en la ducha, e hizo espuma en sus manos con el jabón, y empezó a lavar mi cuerpo. Primero la espalda, mi cuello, mis brazos, bajó a mi cintura y recargó su pecho en mi espalda para lavar mi pecho y mi abdomen. Después lavó mis pantorrillas y mis piernas, para terminar, enjabonando mis nalgas.

Me giró para quedar frente a ella, enjabonó primero mi pelvis, mis testículos y finalmente mi miembro erecto; lo tomó con ambas manos y comenzó a frotarlo cada vez más rápido, sus pequeños pechos se balanceaban de manera febril, y sus mejillas se sonrojaron. No jalaba mi piel, aprovechaba la espuma para hacer un movimiento rápido que no hacía fricción, era una caricia rápida que no perdía suavidad ni velocidad.

Cuando vio que estaba al borde del paroxismo se detuvo jadeante y sólo me dijo. -Te toca-. Agitado la miré con extrañeza, y como única respuesta puso el pequeño jabón en mis manos. Un poco frustrado y con dolor testicular por la continencia, comencé a hacer espuma con el jabón. Me miró, me sonrió y se dio la vuelta para que enjabonara su espalda.

Comencé a lavarle el cuello, y después seguí con su espalda, recorrí sus costados hasta llegar a sus caderas, recargó su trasero en mi miembro y su espalda en mi pecho, levantó la cabeza para besarme mientras llevaba mis manos a su vientre y sus pechos. Después del beso bajé a sus pantorrillas y sus piernas, lavé cuidadosamente cada una de ellas.

Me levante y volví a besarla mientras acariciaba sus pechos, finalmente baje mi mano derecha a su entrepierna y la frote cuidadosamente encontrando su vulva con la palma de mi mano, ella puso su mano sobre la mía y apretó fuertemente mientras nos besábamos largamente. Me metió en la ducha y nos enjuagamos con caricias.

Salimos del cuarto de baño y nos recostamos en la cama algo cansados. -Pidamos algo de beber- me dijo perezosa. Tomó la carta que estaba en una de las mesitas, y después de un vistazo habló por teléfono a la recepción y pidió un par de vodkas de mandarina y un paquete de preservativos. Regresó a la cama y se recostó a mi lado acurrucándose en mis brazos.

No dijimos nada, entrelazamos nuestras piernas, juntamos nuestros pechos y nos estuvimos besando mientras esperábamos lo que habíamos pedido. Al poco tiempo llamaron a nuestra puerta, una voz de hombre gritaba. Servicio al cuarto. Ella se levantó, así, desnuda como se encontraba y fue a abrir la puerta. Recibió los vodkas y los preservativos en una pequeña charola y fue a colocarlos en la mesita del cuarto.

Yo la veía sorprendido desde la cama, también desnudo y atónito. Entró al baño por mi pantalón, sacó mi cartera, algunos billetes y le pagó al del servicio que la miraba con morbo. El tipo le dijo que no tenía cambio, que si prefería que se lo trajera o pasábamos a la recepción al salir. Ella dijo que de favor subiera el cambio y cerró la puerta sin más.

Después de cerrar la puerta, se volteó a verme y simplemente soltó una carcajada gozosa. No hice ningún comentario, simplemente reí con ella, bebimos un poco mientras y compartíamos la broma que a ella le parecía mucho más graciosa que a mí. Se me ocurre algo más loco, espera. Entró al baño una vez más y regresó con una toalla. Me dijo que me iba a vendar los ojos, en un principio no estuve de acuerdo e hice unas leves protestas, pero al final accedí.

Después de vendarme los ojos, hizo que me recostara en la orilla de la cama. Y ella empezó a caminar por la habitación, no escuchaba sus pasos por la alfombra, pero sabía que lo hacía porque de vez en vez me preguntaba si la escuchaba, iba a la puerta del cuarto y me preguntaba, iba a la venta y lo volvía a hacer, se metía en el cuarto de baño y lo hacía una vez más.

Oía que movía cosas, pero no sabía que era, finalmente dejé de escucharla y pasaron unos breves instantes de expectación hasta que sentí su cálido pecho sobre mi boca. No se vale moverse.  Sólo asentí con la cabeza mientras jugaba con su pezón. Ella volvió a acariciar mi miembro.

Después comenzó a besar mi pecho y finalmente llegó a mi pelvis, se entretuvo un rato allí mientras su mano subía y baja en mi miembro. Se detuvo por unos instantes y se arrodilló entre mis piernas. Fue delicioso sentir su cálida boca en mi glande y su mano en mis testículos, con su lengua acariciaba y de vez en vez mordisqueaba la base y mi pelvis.

Llamaron nuevamente a la puerta e intenté levantarme. Te dije que está prohibido moverse. No dije nada y volví a recostar mi cabeza en la cama, ella gritó. -Adelante, está abierto-, y volvió a lo que estaba haciendo antes de la interrupción.

-Le traigo su cambio señora. 

-Déjelo sobre la mesa, muchas gracias. Dijo sin dejar de hacer lo que estaba haciendo-. Al parecer, el tipo se había quedado parado viendo la escena, ella otra vez sin interrumpir su faena logró decir con la boca llena. -Es todo, muchas gracias-. Pocos segundos después oí que se cerraba la puerta y después ella volvió a reír a carcajadas,  y yo también.

Se levantó de la cama y a los pocos instantes regresó. Me besó nuevamente, después siguió por mi pecho, mis piernas, bajó hasta mis pies y después me colocó el preservativo. Se acostó sobre mí, me besó mientras empujaba sus caderas hacia atrás, la acción era algo complicada, no podíamos acoplarnos, se hincó en una de sus piernas y con una de sus manos colocó la cabeza de mi miembro en entre sus labios vaginales, como si éstos también lo besaran.

-¿Estás listo? -.Me preguntó en un suspiro. Yo asentí con la cabeza y ella comenzó a empujar despacio sus caderas hacia abajo, logrando una penetración lenta, cálida y húmeda. Apoyó sus manos sobre mi pecho y comenzó a moverse con cadencia, en un vaivén rítmico que fue tomando velocidad a pasos agigantados, buscaba con frenesí que su vulva tallara cada vez más fuerte contra mi pelvis.

Al poco tiempo mi cuerpo comenzó a tensarse y comencé a arquear mis caderas hacia arriba. Ella notó el cambió y decidió parar. Se bajó de la cama y me besó una vez más mientras acariciaba mis testículos y me decía, Aún es muy pronto. Me quitó la toalla y besó mis párpados. Después acomodó una silla frente al tocador, se hincó en ella y se recargo en el respaldo. -Te toca-.

La vista era espléndida, tomé resuello y traté de bajar mi ritmo cardiaco hasta recuperar la normalidad. Me acerqué a ella desde atrás y puse mis testículos sobre su ano y mi miembro sobre sus nalgas. La tomé por los pechos y la levanté hasta que su espalda tocó con mi pecho. La tomé de la barbilla y la besé largo rato mientras acariciaba su vientre, sus pechos y su cuello.

Comencé a besar su nuca, bajé por sus hombros y después por su espalda. Me entretuve un rato en su cintura mientras la sostenía firmemente de las caderas y finalmente la volví a recargar sobre el respaldo de la silla. Con lo cual me regaló una vista maravillosa. Besé una a una sus nalgas, las mordisqué un poco mientras apretaba sus caderas con mis manos, separé sus rodillas y me encontré nuevamente con su vulva.

Comencé a besar allí y subí a sus labios, mi lengua recorría de arriba abajo todo su sexo, despacio, sin prisa, separaba sus labios con mi lengua y probaba de apoco su interior. Ella suspiraba y apretaba las nalgas de vez en cuando. Subí poco a poco hasta encontrarme con su ano, lo besé primero con mis labios y después lo acaricié con mi lengua, ella hizo una pequeña protesta, -No, por favor-. Parecía más un ruego que una negativa, así que continué.

Del mordisqueo de sus nalgas pasaba a la caricia de mi lengua en su ano, de ahí a su sexo y a su vulva, así hasta que sus piernas temblaron, y en una contracción total de su cuerpo, soltó un largo suspiro que duró unos breves instantes. Se levantó hasta recargar su espalda en mi pecho, tomó una de mis manos y la puso sobre su seno, la otra sobre su sexo, volteó y me besó largamente.

Después del beso, volvió a recargarse sobre la silla dejando su sexo completamente expuesto a mis deseos. Fui a la mesa, tomé otro preservativo y cambié el que tenía. Regresé a donde ella se encontraba y la azoté un poco con mi miembro. Pequeños golpes sobre sus nalgas, sobre su ano, sobre su sexo y su vulva, ella se estremecía y daba pequeños gemidos de placer.

Coloqué mi glande entre sus labios vaginales y solo metí esa parte de mi miembro, comencé a moverme, era mi turno de hacerla sufrir un poco. Ella aventaba sus caderas hacia atrás, con la finalidad de lograr la penetración completa, pero la tenía bien sujeta de las caderas y no se lo permitía. Ella tomó una de mis muñecas y me miró con súplica. -Ya, por favor-.

Agarré fuertemente sus caderas, hasta hacerle un poco de daño, pues vi un gesto de dolor en el espejo, donde se reflejaba su rostro con los ojos cerrados y enmarcado por su preciosa cabellera perfumada. Solté un poco, pero la seguí sujetando con firmeza para que no pudiera moverse. Comencé a penetrarla lentamente, muy lentamente en un movimiento constante hasta que topé con sus nalgas, ella suspiró e intentó comenzar con el vaivén de sus caderas, pero no se lo permití.

Comencé a moverme en círculos, arriba y abajo, aun lado y el otro, tratando de tocar todas las partes de su interior, que estaba literalmente hirviendo. Después de un rato, ella tomó con sus manos mis muñecas y a fuerza de cadera y brazos logró zafarse, llevó mis manos hasta el respaldo de la silla y comenzó con un ritmo frenético que la llevó a un largo orgasmo. Su interior vibraba enloquecido, tanto que la abracé fuertemente cubriéndola toda con mis brazos, lo cual incrementó el temblor de su cuerpo, hasta que después de algunos instantes quedó completamente relajada.

Volteó una vez más y me regaló un largo beso que llevaba más ternura que pasión. La ayudé a levantarse de la silla y la llevé a la cama, la recosté en ella y me arrodillé entre sus piernas, la penetré y ella rodeo mi cuello con sus brazos, yo me recargué sobre mis codos. Comencé de manera pausada, aumentando cada vez más el ritmo, cada vez más fuerte y violento, me apoyé sólo sobre mis pies para lograr más fuerza en mi embestida, había perdido el sentido y peleaba por un orgasmo loco y salvaje, ella también gritaba, me decía desesperada que no me detuviera, hasta que por fin vino.

Fue una sensación más bien eléctrica, me recorrió toda la espalda, hasta llegar a mi cintura, se atenuó en mis nalgas, pero recobró fuerza en mis muslos, no pude controlar mi cuerpo, temblaba entre los brazos de ella que me apretaba fuertemente. Ella también temblaba, sus piernas vibraban sin control alrededor de mi cintura. Y todo terminó en un fuerte y profundo abrazo, que parecía no tener fin.

Después de un rato nos dimos cuenta del silencio, todo estaba en calma, como si el mundo se hubiera detenido para regalarnos ese instante de placer, íntimo. Intente recostarme a un lado de ella, pero no quiso separarse, así que aún entrelazados, ambos nos recostamos de lado. Poco a poco mi miembro fue quedando laxo, hasta que terminó fuera de ella, cuando salió ella sólo atinó a decir. ¡Ups!

Sacó su pierna debajo de mi cuerpo, y el condón resbaló de mi miembro un poco por la lubricación y otro poco por el peso de mi eyaculación. Ella juntó sus brazos sobre su pecho y se acurrucó en el mío, antes de esconder su cabeza en éste abrazó profundo, me regaló una larga mirada y me dijo. -Te voy a extrañar-.

No dije nada, la abracé fuertemente, la besé en la cabeza, aspiré el perfume de su shampoo y la seguí al abismo de la oscuridad placentera del sueño. Cuando desperté al parecer ella ya llevaba rato.

-Tengo que irme.

-Sí, yo también tengo que regresar.

Salimos del hotel y tomamos un taxi de regreso al café, allí la acompañé al estacionamiento por su carro, me besó por última vez, un beso largo que sabía a despedida. Esperé a perderla de vista, hasta que dio vuelta en el semáforo, y regresé por otro café antes de ir a casa con mi esposa.



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