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Historias y Relatos Swinger

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Historias y Relatos Swinger

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Era una fiesta swinger, estábamos en ese lugar tres parejas y

Era una casa habitación en la CD de Oaxaca, una de las parejas había conseguido prestado ese espacio. Reunidas ahí las tres parejas y dos singles entusiastas. 

Como sucede en estos casos, lo común es iniciar con una charla ligera, beber la copa, medir el terreno en el que se desenvuelve cada quién. Pues todo en orden, bebidas y botanas suficientes, chicas y chicos agradables y charla adecuada, música de cumbias y la noche aun joven con muchas promesas en perspectiva. 

 Soy Mario, mi esposa Clari, las demás parejas las dejaremos en el anonimato por respeto a su identidad sw. 

Pues después de unas dos horas de convivencia, eran ya aproximadamente las 12 de la noche, se daba la situación incómoda en la que nadie se le lanzaba a nadie. Veía a mi esposa algo desanimada, y yo mismo no veía un resquicio por donde colarme con la pareja que deseaba intimar, con, además... la preocupación de hacer de ésa noche la realización de una fantasía que mi esposa deseaba desde había un buen de tiempo; años deseando su mini gang. 

Así las cosas, bebí un largo trago a mi copa, carraspee como quien fuma puro...  me puse de pié y conpermisito salí de la salita con rumbo al tocador. Me metí al baño sin mirar atrás, me di tiempo en hacer de la pipí, una larga sacudida para que eso se despertara por si las moscas y al fin, después de unos 10 min de ausencia salí del baño a la vez que vigilé desde la distancia el lugar en que había dejado sentada a mi mujer. 

A golpe de vista no creí lo que estaba viendo. Era ella? No podía digerir la realidad que estaba viendo... Clari vestida con su baby doll negro, se estaba quitando su tenga en medio de la salita, mientras bailaba acompañada por los dos singles. Bailaba esa canción de cumbia que a ella le encanta, cadencioso y coqueta. Se le veía seria, con una tenue sonrisa medio nerviosa pero llena de calor, de energía erótica, los ojos brillos y la lengua mojando sus labios. Ellos dos, los singles, competían con delicadeza por poseer su cintura tratando de llevarle el paso del ritmo de cumbia bailando al unísono los tres en el centro de la sala mientras los presentes miraban la escena con gran interés. 

La verdad que no se que sentí. Una rara mezcla de sentimientos, unos a favor de lo que veía pero otros muy encontrados; algo así como que quieres y no quieres. 

Caminé indeciso hacia el lugar tratando de no llamar la atención de nadie y menos la de mi esposa. Cuando se detectó mi presencia, los chicos se lanzaron a sentarse como impulsados por una fuerza extraña mientras Clari permanecía aun de pie y algo nerviosa esperando saber mi reacción. Me dirigí directo a ella, la agarré por completa en un abrazo de oso y estrujandola con cierta  violencia  y besándola con afán le transmití mi estado de ánimo, pues de verdad estaba lleno de erotismo y lujuria. 

Me llenó una sensación de urgencia por verla a ella entre los brazos de los chicos y los míos propios. Sin soltarla me sumé al ritmo de la danza con ella, bien abrazados bailando, ya le manoseada los pechos, ya le atrapada sus nalgas desnudas diciéndole al oído palabras obcenas mientras los Chicos nos veían con los ojos de plato. En la danza la giré de espaldas a ellos, la acerque bastante y les mostré con señas su panochita mojada, haciéndoles ver que podían tocar. 

Los demás presentes no perdían detalle, atentos a lo que ahi sucedia a respiración corta, a aliento en pausa y a ojos abiertos al más tratar de mirar más sin perder detalle. 

Ella se resistió débilmente al principio, pero le ganó el placer de sentir mi boca en su boca  y cuatro manos hurgando su cuerpo...  su talle, sus nalgas, su vagina, su vulva dilatada y mojada. Al unísono, simultáneo, ambos se desprendieron de sus pocas prendas que tenían puestas exponiendo así sus erectos penes dispuestos a todo por una mujer ajena que así se les ofrecía en bandeja de oro. Ella se soltó de mi de un brusco empujón, volteandose a ellos con decisión,  en lo que creí que sería un rechazo rotundo... Pero no fue así,...  Los agarro con firmeza del duro Pene a cada quien y en grupo se los llevó jalando a la habitación contigua ordenándome  a mi que la siguiera. 

Lo que pasó en la habitación es digno de un relato aparte. 

Somos clary mar, es nuestro seudónimo y así nos pueden buscar y mandar una solicitud  en las redes sociales. Claro que aquí también. Manden mensajes conteniendo datos de localización y contacto



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