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Historias y Relatos Swinger

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en el espartacus 1a parte

Probablemente algunos que lean esta historia, conozcan el bar Espartacus, es un antro gay que desde que lo conocí, me enamoré de él, ya que una como travestí, puede vivir sus más perversas fantasías no somos discriminadas en ninguna forma, sino todo lo contrario, en lo personal he disfrutado cada una de mis visitas y la emoción que siento desde que llego al hotel para transformarme, el hecho de pensar en todo lo que me espera en ese lugar, me llena de morbo, de excitación y recordarlo después de vivirlo, me llena de satisfacción. 

Esta historia me pasó hace algunos meses, cuando fui con otro par de chicas, ese día llegué al hotel donde suelo cambiarme cuando voy a ese lugar, me metí a bañar y a depilarme completamente; sin embargo, la excitación me traicionó y terminé masturbándome bajo la regadera. Luego salí y empecé con el hermoso ritual de transformación, pintándome las uñas de los pies de rojo intenso, poniéndome la rica tanga de hilo y para evitar algún accidente, un cachetero de encaje negro. Después, me probé un par de vestidos y opté por un cafecito entallado, luego me puse mis pestañas, me maquillé monamente, me puse mi peluca y mi sostén con el truco para aparentar un pecho prominente; finalmente, me calcé mis zapatillas rojas de tacones altos, que se veían divinas con mis uñas pintadas.

A continuación, me miré al espejo, me encantaba ver la nena que reflejaba, luego le marqué a las chicas con las que saldría y me dijeron que acababan de llegar al hotel, así que pensé qué más usar para verme más puta, así como me gusta. También, me puse unas medias con liguero pensando que sería maravilloso provocar a todos los machos en el cuarto oscuro, en cómo me las dejarían todas rotas y llenas de semen, ¡mmm, mmm, qué rico sería!. No obstante, pensé que la pintada de uñas de mis pies sería un desperdicio, además que considero tener unos pies femeninos, por comentarios de algunas mujeres que me los han visto y dicho que tengo pies de mujer, además que algunos de mis amantes también me los han elogiado, así que decidí no usarlas y dejarlas para otra ocasión. 

Lo que si hice fue ponerme uñas y me las pinté del mismo color que las de mis pies, que hacían juego con mis zapatillas rojas y mis labios encendidos. Luego de un rato, salimos del hotel en busca de un taxi, esta parte me encanta, pues el sonido tan nuestro de los tacones en el pavimento, es divino, además del aire colándose entre mis piernas y los comentarios de la gente que nos ve pasar, algunos amables y halagadores, así como chiflidos. En lo particular, a mí me fascinan más los vulgares y ofensivos, como los de hombres hipócritas que van con sus mujeres o familias, o los de algunas mujeres envidiosas que nos ven y dicen “mira, mira, son maricones, son putos”, etc., etc, esos me halagan y exitan.

Total que nos paramos a media avenida, haciéndole la parada a los taxis y se pararon tres, uno con cada una, entonces preguntamos precios y yo bateé al mío, pues quería seguir disfrutando la experiencia de la calle, a pesar que nos quería cobrar muy barato. En eso, me habló una de las chicas, comentándome “dice que si se la mamas, no nos cobra”, así que me acerqué a su taxi y lo vi, la verdad que sí me gustó el tipo. Enseguida, abrí la puerta de adelante y me subí, preguntándole cuánto nos cobraría, me contestó “ya le dije a tu amiga” y el morbo me hizo decirle que sí pero que lo quería oír de él, comentándome “te voy a cobrar con tu boquita”, lo cuestioné “¿ah, sí?, ¿cómo?”.

Al instante, me acarició las piernas y  tomó mi mano para ponérsela en su verga, que se sentía muy rica y me dijo “si me la mamas, les regalo la dejada y hasta regreso por ustedes si me gusta”, le contesté “bueno”. Mientras me acariciaba las piernas, le quise bajar el cierre pero me indicó “espérate, aquí no”, enseguida arrancó y un par de cuadras adelante, se metió a una calle, ahí apagó las luces y se desabrochó el cinturón mientras le desabrochaba su pantalón, le bajaba el cierre y le sacaba de su bóxer, esa rica verga que sólo de recordarla, se me hace agua la boca. Pronto, me tomó de la nuca y me bajó a mamársela mientras me acariciaba las piernas y me levantaba mi vestido para hacerme la tanga y el cachetero a un lado, manoseándome las nalgas y dedeándome, al tiempo que me decía “¡qué rica estás, mami!, ni parece que seas maricón”.

Cuando oí eso, la calentura se elevó en mí y se la empecé a mamar más rico, supongo que se dio cuenta que me excité, eso porque tomó mi cabeza y comenzó a guiárla con movimientos más rápidos y más agresivos mientras me seguía diciendo “así, así, mámamela, puto, ¡aaahhh, qué rico la mamas!” y cosas así. La verdad, yo hubiera preferido hacérselo por horas, por la forma en que me trataba y me hacía mamársela, además que tenía una deliciosa verga pero de pronto, aceleró sus movimientos mientras me advertía que se vendría, incluso voy a citarlo porque lo que me dijo e hizo me erizó la piel como pocos. Cuando estaba por venirse, me dijo “aaahhh, no mames, qué rica boca, mami, ¿te gusta la verga?”, yo sólo asentía como podía mientras él seguía guiándo mi cabeza hasta que me dijo “ya me voy a venir, puta, ¿dónde los quieres?, ¡aaahhh!, ¿los quieres en tu boca, sí?, me voy a venir en tu boquita de marica que tienes, eeehhh, aaahhh, no quiero que me ensucies el carro, puto, te los comes todos, eeehhh, aaahhh”.

De pronto, levantó su vientre, arqueando su espalda y siguió arremetiendo contra mi boca con su deliciosa verga hasta que me comentó “¿te gusta la verga, sí?, ¡qué rico mamas, puto!, ¿te gusta que se vengan en tu boca?, ahí te van, maricón, así, así, sácamelos todos, aaahhh, qué rico, puta, ahí te van mis mocos y no quiero que sueltes ni una gota porque te madreo, aaahhh, aaahhh”. De pronto, sólo sentí como esa deliciosa verga de la que ya estaba enamorada, crecía y palpitaba cada vez más,. Los primeros chorros salieron demasiado fuertes, pues uno de ellos pegó en mi campanilla y casi me hace devolver pero el tipo tenía experiencia y cuando se empezó a venir, me metió toda su verga hasta la garganta y así me mantuvo hasta que le salió la última gota, que por supuesto, degusté, además le soplé un poco esa divinidad mientras le lengüeteaba su cabecita, para que sintiera alivio.

Ya completamente flácida, se la guardé en su bóxer, luego él se limpió el sudor y se acomodó el pantalón mientras las chicas que nos acompañaban se reían e hicieron comentarios que no tiene caso contarlos, pues se veían molestas y envidiosas, ji, ji, ji. Después, el taxista nos platicó su vida exprés, mientras no dejaba de acariciarme la pierna hasta que llegamos al antro y al bajarnos, le dije “muchas gracias” pero al querer bajarme del taxi, me tomó mi pierna firmemente, con esas manos de macho que me encantaron y me preguntó si quería su número de teléfono, para que le marcara cuando saliera. Al momento, le comenté que no llevaba mi teléfono celular, entonces escribió en un papel su nombre, su número telefónico y me dijo “pues ahí cuando puedas y quieras”.

Luego, me preguntó “¿a qué hora se regresan?”, igual me doy una vuelta”, enseguida le sonreí porque me sentí muy halagada, la verdad, entonces le contesté “como a las 5 o 6 de la mañana” y afirmó “sale, vengo por esa hora”, enseguida soltó mi pierna y me baje, saludé al señor que cuida los carros, que siempre anda de atento conmigo, o con todas, me imagino, al igual que el que revisa los bolsos, que siempre me dice algún comentario en doble sentido, que a veces no entiendo, sino ya hasta que estoy adentro, ji, ji, ji. 

Siempre me ha encantado ver como muchos hombres, mujeres y vestidas me voltean a ver, igual porque me veo mal, aunque prefiero pensar que es porque me veo bien, o me veo vulgar. Una vez adentro, fui a retocarme el maquillaje y el lápiz labial, ji, ji, ji, aunque este último lo pensé, pues aún traía el sabor de esa deliciosa verga y de semen, junto con la sensación en los labios que deja el semen ya seco, mmm, incluso me pasé los dedos un par de veces y me los lamí, como esperando encontrar restos frescos. Mientras lo hacía, una chica me vio y sonrió, como sabiendo lo que hacía y aún sin quererlo, me pinté los labios y salí en busca de las chicas pero no las encontré donde quedamos que me esperarían. 

La verdad, sí me sentí mal, pues me habían dejado sola, entonces me subí al segundo piso y pedí una cerveza en la barra, luego me acerqué al barandal tratando de ubicarlas pero los que conocen el lugar, saben que es algo difícil encontrar a alguien en ese mar de gente y me sentí ofendida y humillada, total, me hubieran dicho algo. A continuación, me acerqué a una mesa que estaba desocupada y me senté a terminar mi cerveza, pensando qué hacer, si regresarme al hotel o quedarme, decidiendo esto último, total, ya estaba ahí, así que me terminé mi cerveza y subí al cuarto oscuro, a ver qué pescaba, o si estaban ahí las chicas.

Lo que ocurrió se los contaré en otro relato porque creo que ya escribí mucho y no sé si haya límite de palabras, solo puedo decirles que lo que sigue es para adultos, ji, ji, ji, así que es una advertencia para los espantados, persinados, de doble moral, homofóbicos, etc., etc., etc. esto lo digo porque lo que pasé después, ha sido la experiencia más rica, más loca y más placentera que he vivido



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