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Historias y Relatos Swinger
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Celos y Lujuria
Posterior a nuestra primera experiencia haciendo exhibicionismo, lo que sigió fue un cambio en nuestra percepción de la sexualidad. Comenzamos a visitar páginas relacionas al Swinger y básicamente ella empezó a nutrirse de información que a mi muchas ocasiones me parecía hasta inverosímiles. Llegando a esta página en donde rápidamente creamos una cuenta. Fue intoxicante el descubrir y saber que no éramos los únicos interesados en hacer cosas fuera de lo común o que socialmente pudiera parecer inaceptable Tenía mis fantasías y no sabía aún si ella accedería, aún miraba su cara tierna y su trato hacia los demás y me parecía aún poco creíble que mi mujer, a la que tato tiempo había considerado tímida accediera a entrar a este mundo sin réplica alguna. Acordamos que nuestra primera experiencia sería un trío con algún chico. Me movía que en mi mente se mezclaban celos, excitación y morbo; todo eso hacía que se me revolviera el estómago y que me generara taquicardia. Como ella podría estar con otro que no fuera yo?!!, cómo podría yo tolerar el que alguien más la tocara?!!, pero como era de esperarse ese morbo y la excitación fueron más pesadas que el propio celo y el tonto sentido de pertenencia.
Recuerdo perfectamente ese martes mientras tomábamos clase, recibía propuestas de algunos singles. Estaba nervioso y ella únicamente me soltaba una mirada pícara, como aquella mirada de un niño que está planeando una travesura. Así que elegimos a un chico de la página para ese primer trío. Llegamos a la cita a la hora acordada. Caminábamos en el pasillo del hotel y yo sentía que mi corazón saldría me mi pecho. La incertidumbre de lo que pasaría, si lo haríamos bien, si serían amables, si ella estaría cómoda, pasaban mil pensamientos por mi cabeza, sin saber que pensaba ella, solo me decía -Si, adelante, vamos, no me arrepiento- El chico nos alcanzó en la habitación. Nos comentó que iba con una chica, pero que ella no sabía nada de lo que haríamos, únicamente dejaría la puerta abierta de su habitación para que nosotros entráramos.
Así lo hicimos. A hurtadillas entramos mientras nos besábamos, la escena estaba llena de lujuria. Dos personas que jamás se imaginaron hacerlo frente a alguien más, estaban ahí, solo pensando en la excitación y dejándonos llevar. Me excitaba el estar mirando por la puerta, me sentí todo un voyeurista, ella se dio cuenta de mi excitación y me sonrió, aceptando lo que estaba sucediendo en aquella habitación, así que entramos, la vi un poco indecisa, sin saber que debía hacer, ella se posó detrás de él, ya desnuda, con los senos enormes al aire y comenzó a acariciar al chico. En realidad no sé en que momento ella me dejó y yo a ella, aquel single se abalanzó a Kah para comenzar a besarla con desesperación. Yo no sabía que sentir. Ahí estaba mi mujer, aquella mujer que pensé jamás haría algo parecido, con la que jamás tendríamos esta complicidad.
La lujuria se apoderó de mi. La excitación me tenía inmerso en la escena y descubrí que me gustaba verla disfrutar. Ella gemía con cada caricia, con cada beso. Miraba como el Single le estrujaba los pechos, le lamía los pezones, le apretaba las nalgas y le metía los dedos rítmicamente a la vagina. Excitado sabiendo que mi esposa disfrutaba me centré en la acompañante de nuestro nuevo amigo. Joven, de 21 años, con su piel suave, sus senos pequeños pero bien parados, sentía riquísimo el tocarla mientras escuchaba los gemidos de mi esposa, la joven, atónita veía la escena mientras yo la poseía. La penetraba fuerte, profundo, le chupaba los senos, le metía la verga hasta el fondo. Era imposible dejar de ver a mi esposa disfrutando de alguien más que no fuera yo. En la misma habitación, en la misma cama. con luz tenue solo observaba esos dos cuerpos llenos de sudor intercambiar besos, caricias. De pronto lo inevitable; él se puso el preservativo y gentilmente pidió permiso para penetrarla. A mi sorpresa ella no puso objeción alguna. Separó sus piernas y recibió el pene de nuestro amigo. Yo ya no importaba, No importaba si yo estaba disfrutando de mi amante fortuita. Solo quería que ella disfrutara. Era justo como lo había imaginado. En mis más oscuros pensamientos eso es lo que deseaba desde hacía tiempo. Estaba sucediendo. Sin pensarlo salté a su lado y mientras gemía le puse el pene en la boca, el cual recibió gustosa. Ella recibiendo dos falos, el mio y el de un desconocido, que locura!! Él la penetraba por detrás, mientras mi verga la chupaba al ritmo que él se movía, parecía que esto ya lo habíamos practicado antes, su cara de excitación me prendía más y más, me subían los pensamientos perversos, mi verga dura en su boca, sus granades pechos revolotéando como en película porno, su piel blanca cambió a un tono rojizo por la excitación, caliente, mojada, recibiendo el falo del nuevo participante.
Estuvimos un rato así, cambiando de manera intermitente la posición. La chica eventualmente se acercaba a observarnos, pero los participantes reales éramos 3 y el centro de todo era mi esposa. Finalmente el chico se vino, imposible no venirse así. Algunos minutos después me vine en la boca de mi esposa, fuerte, largo, excitante, mi semen escurrió desde sus labios a su cuello, tragándose lo que quedó en su boca y mirándome tan pervertidamente. La amé, no sé, la amé distinto, la admiré, como sus grandes ojos que expresaban ternura ahora expresaban lujuria y perversión, así que la tomé y la penetré, después de tener sexo intenso terminamos haciendo el amor en esa misma cama como hacía tanto no lo hacíamos.
Ella se vino, terminó y juntos nos fundimos en un beso tan profundo, tan intenso. Vueltos locos de amor, de pasión, de lujuria, del olor a sexo que inhudaba la habitación. Conversamos un rato más con la pareja. Nos vestimos y agradecimos la intensa experiencia.
Ahí empezó todo. Al ir caminando al final del día, con las calles ya oscuras nos dimos cuenta que ya no volveríamos a ser los mismos. Nuestros demonios se había entendido a la perfección. No la miraba igual definitivamente. Creo que ese día entramos siendo unos y salimos siendo personas con pensamientos distintos. Nos hicimos cómplices, más humanos y más de nuestros demonios..
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