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La venganza 2da parte

Hugo se acercó a la barra para llevarle a mi marido la copa que lo pondría en jaque. Al observar que sus compañeros ya estaban gozando de mí, le pedí que fuera paciente, sería él el primero en tenerme por completo. He de confesar que realmente estaba disfrutando de aquello. No sabía cómo me sentiría al día siguiente pero por el momento no valía la pena pensar en eso. El corazón me latía rápidamente, quizás de excitación, o de miedo, o del gusto por llevar a cabo mi venganza; probablemente se debía a las tres cosas.

Mi marido ya estaba cabeceando antes de acabarse su copa, su cerrar de ojos se prolongaba cada vez más. A Hugo le costaba obtener respuesta a las preguntas que le formulaba a mi marido. Al darse cuenta de esto, los patanes que tenía a mi lado comenzaron a ser menos precavidos, dejé que primero accedieran a mi pubis, y después a mis labios vaginales. Me sujeté con ambas manos a la barra y me impulsé hacia atrás para sentarme lo más a la orilla del banco para dejar mi culo en el aire. Le ordené a Luis, quien era el que mostraba mayor interés en mis nalgas, que me demostrara si sabía cómo comer culos. Se hincó detrás de mí, separó con ambas manos mis nalgas y empezó a recorrer con su lengua mi ano en movimientos circulares, de arriba a abajo y de vez en cuando presionándola en mi orificio como si quisiera penetrarlo.

Jamás tuve ningún mal pensamiento sobre mi marido, pero ahora su mirada me parecía ridícula. Un compañero de trabajo, un colega suyo de años me estaba comiendo el culo a unos metros de distancia de él. Me di el gusto de ordenarle a Paco que tomara el lugar de Luis, a quien debía superar si quería hacer suyas mis nalgas. Me agarró de las nalgas de forma más delicada que Luis pero sentí que su lengua cubría más espacio en cada recorrido. Era como sentir tres dedos juntos húmedos tocar descaradamente lo que hasta hace uno momento únicamente tenía derecho de hacer mi marido. Me sentí transportada de nuevo a la época de mi adolescencia más rebelde, cuando sin remordimientos accedía a dejarme tocar por mis "amigos", ya fuera en el coche o en la filas traseras de algún cine.

Decidí que era suficiente, había que recompensar a Hugo por quedarse hasta ahora con mi marido.



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