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Vanessa. Un giro insospechado

Mi relación de noviazgo con Vanessa siguió su curso "normal", es decir, fuera de nuestra prácticas sexuales hacíamos lo mismo que las parejas comunes: compartir cosas, salir juntos, construir lazos emocionales, etc. Pero todo cambió un jueves por la tarde-noche.

Entre las actividades que Vanessa realizaba estaba la danza clásica (creo), la cual practicaba por el Centro Histórico todos los lunes y jueves por la tarde. Uno de aquellos jueves, como de costumbre, Vanessa me avisó por mensaje de texto a mi celular, que ya estaba a punto de comenzar su clase. Debido a que yo tenía muchas ganas de verla y ella siempre me decía que necesitaba de mis abrazos y besos, le respondí que permanecería en casa, pero decidí darle la sorpresa e ir para allá.

Efectivamente, vi a Vanessa salir de su clase. Me oculté de su vista detrás de una columna para caminar hacia ella y sorprenderla por la espalda. Estaba a unos diez pasos de ella cuando me percaté que no se dirigía hacia el estacionamiento, sino de frente, a una enorme jardinera. "Mejor aun -pensé- podré besarla y abrazarla en un sitio más romántico." Fue, entonces, cuando Vanessa aceleró el paso y, tal cual colegiala, corrió hacia un hombre que estaba ahí.

Como escena sacada de una mala novela, el tipo en cuestión abrazó a Vanessa por la cintura y le plantó un beso en la boca mientras ella levantaba la pierna. Mi cabeza se llenó de pensamientos y dudas, era tal mi confusión en ese momento que sentí cómo perdía la capacidad de razonar. Una neblina se apoderó de mi cerebro. Quedé petrificado, incapaz de moverme, de retroceder o ir hacia ellos para confrontarlos.

Al fin pude moverme, me oculté y le llamé a Vanessa desde mi celular. Ilusamente, tenía la esperanza de que todo hubiera sido fruto de una confusión, de que no fuera ella, pero al responder a mi llamada cariñosamente me enfurecí. En ese momento comprendí el sentido de "dominarse". Le dije que deseaba verla esa noche y me respondió que estaba tan cansada que lo único que quería era llegar a su casa a dormir.

El ser humano es un cúmulo de contradicciones, únicamente le dije: "¿Sabes?, me haces muy feliz, y te lo agradezco. Eres una gran mujer. Cuídate, hablamos luego."



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