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Historias y Relatos Swinger

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Nuestros Demonios

Su sonrisa me embrujaba desde el primer día que lo vi, además tenía una verga grande y gruesa, siempre hacía venirme de cinco a siete veces por vez, sabía que eso me gustaba. Además nos llevábamos tan bien y éramos tan compatibles que pronto decidimos casarnos, a las tres semanas de matrimonio decidimos ingresar al mismo curso de posgrado. Nos conocimos en el trabajo, trabajábamos en distintas sedes. Los primeros cuatro meses fueron increíbles, parecía un sueño hecho realidad; lo hacíamos siempre, estudiábamos juntos, nos iba muy bien en el trabajo, hablábamos todo el tiempo. Sin embargo, comenzamos a sentir que algo faltaba, para los seis meses ya no lo hacíamos, cuando estábamos en casa éramos cordiales, cuando estábamos lejos siempre discutíamos. Yo le reclamaba que algo me hacía falta que él no me daba, él me reclamaba que nunca iba a entender a sus demonios. La relación comenzó a tornarse fría, era pesado llegar a casa, era pesado hablar con él. A pesar que estábamos en distintos edificios, yo me enteraba de las mujeres que se le acercaban y se le insinuaban, incluso de mi edificio y de otros ajenos, yo sabía desde antes que nos casáramos cuanto lo buscaban las mujeres. Y cuando le preguntaba de ello, era terminar en discusiones y reiterarme que yo jamás entendería a sus demonios, pero si no me los decía, como los entendería??, y cuándo él se abriría a conocer los míos??, me decía que yo era una buena y amable mujer, con una cara tierna.. si, lo soy, una mujer con una cara tierna y una mente perversa, pero él no se acercaba a conocer mi mente. Yo tenía pretendientes claro, siempre he sido una mujer atractiva, o al menos que llama la atención por los grandes senos que tengo, la altura, el cabello negro intenso y la piel blanca, así como mis grandes ojos, expresivos y mis gruesas piernas. Pero él trataba de disimular que no le importaba quien me buscara. Nos cansamos de esto y un día decidimos darnos un tiempo. Durante dos meses dejamos de hablarnos, él se mudó, coincidíamos en clase una vez a la semana, nos tratábamos como completos desconocidos, me dolía, pero trataba de distraerme. Sabía que lo extrañaba pero que no quería volver. En esos dos meses él tuvo un par de aventuras, yo tuve un par de aventuras, ambos lo sabíamos, pero ninguno dijo nada. 

Comencé a ir con el psiquiatra para entender mi insatisfecha vida sexual, "ese algo" que me hacía falta y no sabía qué. El Dr M. me citaba cada martes para hablar de ello. Mi esposo y yo un día decidimos hablar, pues "nos extrañábamos", decidimos darnos una oportunidad, y de vez en cuando se quedaba en casa, sin embargo, algo me faltaba, algo le faltaba a él. No me sentía segura de querer seguir. Lo amaba, eso me quedaba claro, pero quería eso que él no me daba, ya sea porque me percibía como una mojigata o porque yo nunca le hablé de mis más obscuros pensamientos.
Cual fue mi sorpresa, que el último día martes que decidí ir a terapia, el psiquiatra me dijo que no podía darme más consulta, que se había enamorado de mí y que necesitaba transferirme con un colega, que ya no podía mirarme sin querer besarme, sin imaginarse penetrándome en el escritorio, o en la mesa de exploración, o incluso en la silla. Que fantaseaba conmigo casi todas las noches, que un día fue tanto su deseo que terminó masturbándose en su consultorio pensando en mi. Claro que fue una sorpresa para mi. Fue halagador, no lo niego. Le dije que me diera hasta el viernes y le daría una respuesta. Esos tres días pensaba, quizá eso me falta, otra mente perversa, a mi psiquiatra le había abierto mi caja negra (como él la llamaba), esa que estaba llena de mis más obscuras perversiones, quizá eso era lo que me hacía falta, alguien que fantaseara conmigo.
Llegó el viernes, todo el día pensé en cómo le diría a mi esposo que lo amaba como a nadie, pero que no podía seguir en su infierno. Pensaba en irme con el psiquiatra perverso. Ese viernes el Dr. M. me habló y me dijo que si yo quería me podía enseñar varias cosas, podríamos experimentar lo que me había imaginado y lo que le había contado en las sesiones. Me emocioné, le dije que necesitaba arreglar un asunto y le devolvería la llamada. Estaba decidida más que nunca a dejar a mi esposo. Él me marcó, no sabía como decirle que necesitábamos hablar porque quería el divorcio. Comencé con una plática casual y le platiqué lo que me pasó ese día de interesante; un amigo: Sergio, se había mudado con su novia y unos 20 minutos antes me había enviado las fotos de su novia desnuda, lo cual me había sorprendido, me dijo que yo siempre le he gustado y quería que accediera a hacer un trío con él y su novia. Al mismo tiempo, no me sorprendió tanto, sabía quien era Sergio, y era otro con una mente perversa. Mi esposo me preguntó que le respondí. Como ya no me importaría lo que él pensara, le dije que Sergio no me gustaba. Mi esposo se sorprendió y me dijo: Pero no te niegas a la idea- A lo que le respondí que había fantaseado con muchas cosas, y que no me negaría a la idea. Él se alegró. Yo me confundí ante su expresión. Me dijo que había leído sobre las parejas Swinger y me explicó la temática. Me asombré, mientras él me explicaba, mi mente imaginaba, imaginaba y yo sonreía. Le dije que podíamos hablar al siguiente día saliendo de clase. Accedió. El Dr M habló, simplemente le dije que necesitaba más días. 
Al siguiente día, mi esposo me preguntó que si había pensado en lo que hablamos. Claro que lo había pensado!!! Solo sonreí y lo miré con mis grandes ojos perversos mientras íbamos en el auto. Su cara ante mi mirada me gustó. Me iba a ir a dejar a casa, me dijo como orden: -Quítate el sostén- a lo que accedí inmediatamente, mis senos bien redondos y grandes se marcaban, los pezones pronto comenzaron a saltar ante la blusa tan delgada que traía puesta, bajó los vidrios y un tipo se acercó a lavar el vidrio delantero del auto. Mi esposo me dijo: - Me gusta que te miren, que deseen tus pechos- Me excité ante ese comentario, bajé mi blusa y se quedó a mitad de mis pechos, los vendedores ambulantes se acercaban a ver, los autos de a un lado también. Él comenzó a tocarme los senos, yo me sentía sumamente excitada, comencé a tocar su pene ya erecto, me acerqué hacía él y comenzamos a besarnos intensamente, él me bajó la blusa por completo y un auto comenzó a seguirnos, mirando el espectáculo que dábamos, nos metimos entre unas calles de Coyoacán mientras nos seguían, a un lado, por detrás, mi esposo miraba ese auto mientras yo le bajaba el pantalón y la ropa interior, a las tres de la tarde!! Perdimos de vista el auto, y nos incorporamos a Churubusco, nuevamente me ordenó: -Desnúdate!!- Inmediatamente comencé a quitarme todo, él me miraba, su cara me prendía, sus labios, su respiración me tenían extasiada, hice el asiento hacía atrás y comencé a masturbarme, a tocarme los senos, yo veía su mirada, su expresión mientras me masturbaba para él; para mi. Él metió sus dedos a mi vagina, nuestras respiraciones se hicieron más intensas. Me levanté y comencé a chupárcelo. Tan rico, lo tenía bien grueso, bien erecto, yo me mojaba a chorros, estaba caliente, estaba arrodillada sobre el asiento del copiloto, mis nalgas se asomaban por el vidrio, sentía el viento mientras él me metía los dedos a la vagina por detrás, me dijo: -Mi amor, nos miran-, yo voltee a verlo y vi la cara más perversa que jamás había visto, una mezcla de perversión con excitación que me puso al mil, comencé a mamárcela intensamente, desde sus testículos hasta la punta del pene, de arriba abajo, rápido, lento, lo chupaba como una niña que chupa la paleta más deliciosa, esperando comércela, salivando ante el olor de una exquisita comida cuando alguien muere de hambre, salivando, quería tragarme su pene, sentirlo tan grueso en mi boca, me extaciaba, saber que en plena luz del día otros autos, personas en los camiones y en la calle nos miraban, que esas personas quizá se excitaban al vernos, quizá se sacaban de onda, pero mi hombre estaba perversamente excitado y hacía que disfrutara esa escena, sintiéndola y mirándonos desde fuera en los ojos de otros. 
Él maniobraba para manejar, para estrujarme los senos, para meterme los dedos, para dedearme el clítoris, para disfrutar de su excitación, para disfrutar las chupadas que le daba a su gruesa y grande verga frente a todos, para disfrutar que otros miraran mis nalgas por la ventana. 
Nos metimos entre unas calles y se estacionó.. Estábamos más que excitados, más que extaciados, más que nada de lo que nunca habíamos sentido. Seguía chupándoselo, se lo mamaba intensamente, él me metía los dedos hasta dentro, hasta sentir ese dolor exquisito que solo se siente cuando te meten lo que te gusta mientras estas mojada, muy mojada, como muestra de sublime excitación, sentía como se resbalaban sus dedos afuera y adentro, rítmicamente. Se vino en mi boca largo, fuerte, sus gemidos prendieron el sentido del oído, mientras los otros cuatro sentidos estaban fundidos en placer: el olor de su sexo, mirar su cara perversa mientras estábamos en medio de personas desconocidas, sentir sus dedos dentro de mi, el sabor de su pene y ahora escuchar sus gemidos hicieron que tuviera un orgasmo mientras le chupaba su exquisita verga y él metiéndome los dedos hasta sentir esa mezcla de placer y dolor.
Fue largo e intenso para ambos..
Los dos suspiramos al terminar, me levanté arrodillada sobre el asiento. Mis senos colgaban rojos, mis pezones sensibles, mi pubis, mis nalgas se dejaban ver por completas en todos los ventanales, sin importar lo que pasaba al rededor fuera de su auto, si nos veían o donde estábamos.. Todo desapareció al rededor. Nos miramos, vi su cara de satisfacción, miró mi cara de satisfacción y sorpresa por lo que su mojigata acababa de hacer, y sin decirnos nada, ambos sonreímos, sabiendo que nuestros demonios acababan de conocerse y sabiendo que nuestros demonios cabían en el mismo infierno. ..  



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