Historias y Relatos Swinger
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Masajito Cuckold
Importante:
Sírvase un trago y predispongase a la mastuirbación.
Contactamos por el Chat esta mañana, donde me comentaban que tenían una fantasía muy especial, ella en específico, deseaba recibir un masaje que la relajara y que esto llevara a un encuentro sexual donde él no estuviera presente, por lo que mi nuevo amigo me presentaría como un masajista al que había contratado y que, una vez iniciado el masaje, saldría a atender algunos pendientes en la oficina, por lo que una vez iniciado el masaje, el resto dependería de mi.
Me presenté en su domicilio poco antes del mediodía y toqué a la puerta, recibiendome él, vestido de manera casual, acorde a lo que corresponde un Sábado de trabajo. Nos saludamos y él me indicó que su esposa acumulaba un poco de tensión por algunos problemas en el trabajo y que por ello precisaba relajarse, ya que la tensión le fatigaba más de lo normal.
Pasamos a la sala dónde me preguntó donde sería más cómodo el realizar mi labor, por lo que le indiqué que si tenían una frazada para tenderla sobre la alfombra estaría bien, una voz femenina desde la cocina indicó que ella la bajaba, por lo que procedí a sacar un aceite que llevaba para la ocasión, en tanto él me ofrecía algo de beber, a lo que le indiqué que agua estaba bien, más la dama, desde arriba, pidió a su marido que le preparara una cuba, por lo que me indicó que prepararía 3, si no me incomodaba, lo cual agradecí tomando asiento en un sillón.
Mientras él preparaba las bebidas, bajó ella por las escaleras, una dama menuda, hermosa, con unos pechos deliciosos, acorde a su edad y un tremendo culo que se acentuaba por el pants ajustado que llevaba puesto.
“Hola”, me dijo, “Soy Romina”, a lo que respondí, “Soy Javier, el masajista”, tendiendole la mano, detalle que ella correspondió con un beso en la mejilla y dandome la manta que llevaba en su otro brazo.
La tomé y la tendí sobre el piso, explicando que para relajarla, lo mejor era una suerficie firme, donde pudiese tenderse cómodamente.
“Ay, Javier, no tienes idea de como me hace falta un masaje, el trabajo se ha cargado demasiado y no me doy abasto”, decía ella mientras pasaba su mano derecha por la nuca y cuello.
Terminé de acomodar la manta sobre el piso, mientras él llegaba con las bebidas y me tendía una, diciendo “¡Salud!”, chocando nuestros vasos, mientras ella daba un trago un tanto apurado.
Pregunté donde estaba el baño, para lavarme las manos mientras ella se ponía cómoda.
“¿Debo quitarme todo?”
“Lo mejor es que dejes tu piel libre, para que los músculos se extiendan y se relajen. No te preocupes, estaré en el baño, saldré cuando me indiquen, por favor recuestate boca abajo y procederé a trabajar.”
Ella se sonrojó mientras nos regalaba una sonrisa pícara, en tanto él le decía que no se preocupara, que estaría ahí observando para que se sintiera segura.
Pasé al baño y me lavé las manos a conciencia, para hacer tiempo, aproveché que tenían gel sanitizante para eliminar cualquier impureza, me enjuagué las manos y dejé que se secaran mientras hacía tiempo.
Me indicaron que estaba lista y tremendo panorama que me esperaba.
Ella tendida sobre la manta, tan solo en tanga y con el cabello recojido en una coleta, respirando profundamente, relajandose para sentir las manos de un extraño.
“¿Así está bien?”, preguntó él, a lo que asentí, mientras ella le pedía que le preparara otro trago.
Yo le di un sorbo al mio y dejando el vaso en una mesita de centro, puse aceite en mis manos, frotandolas para calentarlo, mientras el se acercaba con la bebida de su esposa.
Me arrodillé junto a ella y puse mis manos en sus hombros, frotando el aceite hacia el cuello, donde hice un poco de presión con mis pulgares, notando de inmediato algunos nudos. Froté mis manos con un poco más de fuerza hacia afuera, aliviando esos puntos para regresar y concentrarme en el cuello, recorriendo con calma mientras mis dedos se concentraban en los puntos de tensión.
Su respiración se hacía más profunda, a lo que dijo “¡Qué rico se siente!, a ver si no me quedo dormida.”
Los tres reímos y su marido le dijo que sólo se relajara.
Dejé caer un poco de aceite en su espalda, haciendo fuerza con mis pulgares por su espina, sintiendo como se relajaba y se dejaba llevar, disfrutando las caricias que implican un masaje relajante.
Alivié su espalda y regresé a sus hombros, bajando mis manops por sus brazos, oprimiendo ligeramente para que sus músculos soltaran la tensión acumulada.
Flexioné sus codos, acaricié sus palmas, lo que le causó algo de cosquillas, soltando una risita pícara, excitante, lo cual bombeó un poco más de sangre a mi miembro, el cual ya apretaba debajo de mi pantalón, urgiendo a restregarlo en su cuerpo, más conteniendo la excitación, continúe con mi trabajo.
Regresé a su espalda, recorriendola con firmeza, haciendo que cada uno de sus músculos tomará su lugar.
Pasé a la espalda baja y al centro de su cadera, diciendole que bajaría un poco su tanga para seguir con el trabajo.
Estaba a punto de hacerlo cuando un tono del teléfono de él nos interrumpía, a lo cual él checó su pantalla e indicó que lo disculparamos que ocupaba ir a la oficina y regresaría más tarde, que dejaba todo en mis manos y él regresaría despues de las 4.
Sacó un billete y lo dejó en la mesa de centro, indicandome que era mi paga y que terminara el trabajo, pues se veía que lo estaba haciendo muy bien, guiñandome el ojo y saliendo de su casa.
Continúe, donde me había quedado, a lo que ella me indicó que si estorbaba la tanga, la podíamos quitar, a lo cual asentí y le pedí que se quedara así, boca abajo, siguiendo en mi papel.
Con movimientos suaves, fuí retirando la prendadescubriendo sus nalgas, disfrutando el momento.
La deslicé por sus muslos hasta sus pies, notando que ella ya estaba bien húmeda, disfrutando el aroma que desprendía y, discretamente, acercandola a mi rostro para deleitarme con sus perfumes, ese aroma de mujer que tanto nos enloquece.
Acaricie sus caderas y sobé sus nalgas, recorriendo sus muslos con fuerza, firme pero suave, para que sintiera la firmeza de mis manos.
Sobaba sus muslos y sus ingles con suavidad, jugueteando con ella, acercandome a la entrada de su vagina pero manteniendo la distancia, observando como sus fluídos se acumulaban y hacían brillar esa parte de piel que aún no tocaba.
Seguí sus piernas aliviando sus músculos, relajandola y flexionando sus rodillas para acceder a sus pies y darle un masaje de pies que al principio ella pensó le causaría cosquillas pero no, pues me enfoqué en aliviar sus plantas de la tensión diaria.
Le dije que me acomodaría en su espalda, para acomodar sus vértebras, y que descansaría, brevemente, envolviendo sus muslos entre los míos.
“¿No te ensuciarás?, ponte cómodo, no me gustaría que salieras a la calle con manchas de aceite en tu entrepierna, ¿Qué va a pensar la gente?”, dijo mientras me pedía que le acercara su bebida para refrescarse.
Acerqué su vaso mientras ella levantaba su espalda, dicendome que se sentía más relajada. Apoyó su peso en sus codos, y así, a sus espaldas, procedí a desnudarme lentamente, removiendo mis bóxers también, pues ya para ese momento ambos sabíamos lo que seguía.
Le indiqué que estaba listo, que se volviera a acomodar, y sin voltear, así lo hizo, por lo que, mañosamente, acomodé mi pene entre sus nalgas, cosa que a ella no le extraño, solo cerró sus ojos y me dijo “Sigue”.
Pasé los nudillos de mi mano derecha por su columna, para sentir que no tuviera ya más nudos, y al ser exitosa la prueba, le pedí que inhalara profundamente y exhalara suavemente, pues haría un poco de presión en su espalda para acomodar sus huesos, mientras hacía un leve bombeo con mi pene en sus nalgas ¡Me masturbaba con ellas para aliviar la excitación que sentía!
Sobre mis rodillas, puse mis palmas en su espalda, mientras ella hacía el ejercicio que le indiqué.
A la tercera vez, presioné para sentir como tronaban sus huesos, colocandose en su lugar, repitiendo esta acción tres veces más por toda su espalda.
Ella dejó caer su peso sobre su pecho, mientras yo me recorría a sus muslos y con una mano sobre el nacimiento de sus nalgas, jalaba cvon la otra su cadera para alinear su espalda.
Sobe sus nalgas y recorrí el canal que se forma entre estas, bajando mi rostro y pasando mi lengua entre ellas, sin que ella se resistiera.
Abrí sus nalgas y lamí su anito, pasando mi lengua mientras ella gemía suavemente, dejandose hacer.
Sobé sus muslos, sus ingles, los separé y ahora si llegué a su húmeda vagina, pasando mi dedo medio entre sus labios, acariciando su vulva y lamiendo su culito, mientras introducía mi dedo entre este pliegue, descubriendo que estaba súper mojada, a lo que procedí a masturbarla suavemente, con un dedo, dos, acelerando suavemente el ritmo mientras ella hundía su rostro en la manta sobre la alfombra.
Poco a poco se fue acomodando, entregandose al ejercicio de masturbación que le ofercía, acelerando su respiración y dejando escapar un leve quejido mientras sentía su orgasmo, por lo que levante su cadera y sin aflojar el movimiento me bebía sus jugos salvajemente, con sus nalgas levantadas y su rostro recargado en el piso, en completa sumisión.
Acerqué mi verga a sus nalgas y pasé la cabeza del glande por la entrada de su vagina, mojandome y ahora si, masturbandome entre sus nalgas aprovechando la humedad natural que su cuerpo me daba.
Acoplé mi cadera entre sus muslos y ella sola se empujó, buscando la penetración, cosa que logramos sin problema, y una vez la tuvo dentro me dijo “¡Cójeme duro, papi!”
Así, de perrito, inicié un bombeo frenético, fuerte, intenso, mientras ella levantaba su espalda y apoyaba sus manos en el sillóin que tenía de frente.
Tuvo una serie de orgasmos que sentí en mi verga, tiesa, dura, que la dejaron casi sin aliento, por lo que tras pasar estos, detuvo sus movimientos, disfrutando el pedazo de carne que tenía dentro.
Poco a poco, retomé el bombeo, suavemente, para intensificarlo y llevarla al orgasmo.
Cuando ella se venía, bajaba el ritmo y la dejaba disfrutar, contonenando sus muslos a su propio ritmo.
Una vez se detenía, reiniciabamos y así lo repetí unas cuatro veces.
¡Rico!
La abracé, así, ensartada, y la dejé descansar. Besando su cuello y masajeando sus tetas suavemente.
Sudabamos copiosamente y ella quiso otro trago.
Quiso levantarse pero las piernas no le respondieron, por lo que la acomodé sobre la frazada y preparé un par de tragos más, mientras ella veía al extraño que le acababa de dar una rica cojida andar desnudo por su casa.
Se sentó en el piso con las piernas estiradas, recargando su espalda en el sillón donde había recargado sus manos anteriormente.
Con las bebidas en mis manos, me acerqué y me puse frente a ella, mostrando mi pene erecto, le tendí su vaso y ella dió un trago apurado, poniendo el vaso a un lado para meterse mi verga en su boca.
¡Qué rico mama!
Alternaba las chupadas con tragos a sus vaso, mezclando el líquido con nuestros fluídos, golosa.
Puso el vaso en la mesita de centro y se concentró en seguir mamando mi verga, recorriendo con la lengua mis bolas mientras sus manos acariciaban mi mi cuerpo.
Sin darme cuenta como, de repente ya estaba yo boca arriba en la alfombra, mientras ella mamaba, girando su cuerpo para poner sus caderas a la altura de mi rostro, un 69 así, sin más, ambos mamando y sintiendo como nuestro sudor se mezclaba y nos empapaba.
Usando mis dedos en su vagina y su culo, le robé unos orgasmos más, teniendo ella el reflejo de girarse y tenderse sobre mi cuerpo, recargando su cabeza en mi pecho, con los ojos cerrados.
Permanecimos así unos instantes, abriendo ella los ojos y sintiendo tieso mi miembro, se acomodó metiendo mi verga en su puchita caliente, y una vez lo tuvo dentro, movía las caderas suavemente al principio, para acelerar sus movimientos y, cuando el orgasmo venía, apoyar sus palmas en mis hombros, encaramandose y mirandome a los ojos, poseída por la lujuria de ese momento que nunca imaginé tener.
Orgasmo tras orgasmo me cabalgó, hasta dejarse caer nuevamente en mi pecho, ahora con mi verga dentro.
Descansamos y nos besamos, nos dimos caricias leves para no dejar que se apagara el fuego.
“¡Qué rica verga!, ¿Me la vas a dar por el culo?”
“¡Claro!, lo primero que me encanto de ti fueron esas nalgotas y no me imaginaba otra cosa que no fuera abrirlas para meter mi verga.”
“¡Eres un cabrón caliente!, ¿Cómo le haces para aguantar tanto?”
Sonreí con un gesto de no saber y ella, sonriendo con un brillo de alegría y lujuria en sus ojos, me dijo “¡Cabrón, me siento tan puta!, ¡Qué rico cojes!, ¿No tienes otra cosa qué hacer?”
Le dije que no, a lo que me respondió “Estoy toda sudada, ¿Nos damos un regaderazo?”
“¡Claro!”
“¿Me prepararías otra cuba?”, a lo que asentí, girando mi cuerpo para dejarla debajo e iniciar otra sesión de bombeo, mirandola de frente con sus piernas en mis hombros.
Le robé otro orgasmo y me desplomé en ella, acomodandome para besar sus pechos, con sus piernas abrazando mi espalda, puso sus manos en mi cuello y me besó profundamente mientras iba aflojando la caricia de sus piernas y su cintura.
“¡Hace calor!, ¿Vamos a la regadera?”
“¡Claro!”
“Preparame una cuba, voy a poner el agua.” dijo, mirándome a los ojos con una expresión de gusto y felicidad que no pude resistir mientras ella se zafaba de mi cuerpo y subía desnuda las escaleras.
Preparé los tragos mientras escuchaba los ruidos arriba, que rico estar desnudo y cojiendo.
Subí las escaleras con el típico ruido del cubo, a lo que ella me dijo !¡Acá!”, por lo que seguí su voz y entre al baño principal de la residenciapara encontrarla recargada en el lavabo, tocando sus pechos con esa mirada pícara y alegre a la vez que me decía “¿Nos metemos?”, mientras me recibía con un beso y le entregaba su trago, mismo que dejó sobre el lavabo, tomando el mio y dejandolo al otro lado, llevandome a la regadera y abriendo las llaves para que corriera el agua.
Abrió el agua caliente y poco a poco la templó con el agua fría, haciendo un clima cálido, vaporoso, que nos relajaba mientras nos cachondeábamos como adolescentes enamorados.
Templó el agua sobre mi cuerpo, mientras reía, ajuistando la temperatura para estar cómodos, mientras me besaba y al sentir la temperatura adecuada, giró nuestars posiciones, humedecioendo el jabón y pasándolo por mi cuerpo me decía “Estás riquísimo, ¡Papi!, ¿Cómo le haces para aguantar tanto?”.
Enjabonaba mi cuerpo y se frotaba contra este, pasando su lengua por mi torso y elevando su boca para lamer mis pezones y mordisquearlos. Giraba y se contorsionaba con su lengua en mi verga para luego voltear y buscar mis labios.
Su coleta ya estaba desecha y sus rizos caían sobre sus hombros, no había notado que llevaba el cabello en dos tonos, rojo y rubio, y eso me excitaba, pues nunca antes había compartido el baño así con una dama, relájandonos y extendiendo el tiempo que no sabía hasta que momento acabaría.
¿Soft?, cualquier cosa que se imagine o quepa en este concepto del sexo hicimos, pues no hubo penetración ni sexo oral, masturbación de cuerpo completo fue lo que intercambiamos.
Tras enjuagar nuestros cuerpos, ella cerró las llaves, tomó una toalla y la dejó cvaer al piso, para pisar y pasar sin resbalar sobre el mármol, abriendo la puerta a su habitación, donde la alfombra nos dio la seguridad de pisar sin riesgos.
La seguí y ella abrió un paquete de pastillas de Menta, mi viejo nick, metió una en su boca y en un beso me la dio para dejar una en su boca, para volver a besarme y girarme para empujarme sobre su cama, dejandome boca arriba para lanzarse sobre mí, besarme nuevamente y meter dos pastillas en mi boca al momento en que bajaba a mamarme la verga, ¡Qué fresca mamada¡
Chupaba, lamía, mientras me empujaba sobre la cama para subir mis piernas sin dejar de chuparme y poco a poco dejar que el dulce de menta se deshiciera en mi boca para girar y sentarse en mi boca.
Lamí, chupé, mamé su cuca y sus jugos se deslizaban en mis labios con ese dulce y refrescante sabor. Se separó de mi y fue por los tragos para dejarlos en la cómoda mientras ponía su vagina en mi boca.
Mamé y chupé mientras ella mamaba mi verga con el sabor de menta en mi verga con su sensación en mi,
Mamó rico y se metía un chicle a los labios, me miraba a los ojoslo masticó y para mi sorpresa. Se metió mi verga en el culo...
¡Delicioso!
Se movía, restregaba, gemía, dandome la espalda mientras que, sin darme cuenta, ella tomaba el mando, me hacía su juguete sexual.
Se daba dedo en la vagina mientras mi verga estaba en su culo, ¡refrescante! He de decir y así giraba y me poseía, era ya el juguete nde esta ninfómana.
Me cabalgó, me giró con mi verga en su culo, d perrito, montada, pero siempre ella dominando mientras disfrutaba a su entero placer.
En algún mnomento, volvió a mamar mi verga para recostarse junto a mi y colocarse de cucharita, ella solita se metió mi vergta en el culo para llevar mis manos a sus pechos, haciendome su juguete, alguien que la ensartaba y la masturbaba a su entero capricho, con sus manos dirigiendo mis movimientos.
Cambiaron las sensaciones y en algún momento sentí que me corría, con ella sobre mi, besandome y restregando su pecho en el mio.
Meses sin sexo hicieron que me corriera como loco, disfrutando y cegandome, mientras ella tomaba sus manos en las mías y decía “¡Qué rico papi!, todavía falta.”
Me besaba y apretaba mis manos en lo alto mientras nuestros fluídos escurrían en mis bolas, y así, sin darme cuenta, sentí una lengua que nos limpiaba, subía, bajaba y ella más se aferraba a mi. Me dejé llevar y ella saltó mis manos para poner las suyas en mi rostro mientras bajaba, volvió a tomar mis manos en las suyas y se sentó en mi rostro mientras sentía una lengua limpiando los fluídos en mi ingle.
Era él, que había regresado y me tendía una toalla para secarme el sudor.
Entre la sorpresa y la excitación, mis lamidas se hicieron más frenéticas, por lo que la cosecha de orgasmos en mi lengua la dejaron casi inconsciente sobre mi.
Bizarro cuadro el que se veía.
Recuperado el aliento, ella se deslizó sobre mi cuerpo, mientras el preguntaba “¿Cómo se la pasaron?”
Ella se aferró a mi cuerpo y dijo”Preparame una cuba, papi”, a lo que él respondió como autómata, mientras ella se acomodaba de cucharita en mí, dirigiendo mis manos mientras decía “Toma fuerzas, me tienen que cojer.”
Él regresó con una charola con botella, vasos y platos, colocanbdola frente a ella mientras nos decíea “Beban, ahora regreso.”
Ella se acurrucaba, tomaba un vaso y me daba de beber para luego beber ella, mientras el regresaba con una charola de camarones, ostiones y carnes frías, que ponía en la cama y me decía “Come, necesitaras fuerzas.”
Ella me alimentaba, llevando el manjar a mi boca mientras su marido observaba. Cual paciente de guerra, ella me alimentaba, me daba de comer y me cuidaba mientras me recuperaba. ¿De qué me recuperaba?, de la cojida de su vida, de su posicionamiento como la mujer de la casa, de converirse en la hembra en celo que, cada vez que quisiera, me tendría a su disposición.
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