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Parte 4: LA PRIMERA VEZ CON OTRO CHICO
Regresando de encontrarnos para conocer a Memo, le pregunté a Lucy ¿que te parece el chico? ¿cómo lo ves? Me parece bien, dijo y agregó, se me hace un chico sencillo y agradable. Me sentí en confianza con su charla. Ya unas horas antes nos habíamos instalado en un hotel, en el cual aprovechamos a descansar mientras esperamos a que Memo saliera de su trabajo, después de unas horas llego su mensaje diciéndonos que ya estaba dispuesto y le dije a Lucy, ya salió. Ella me volvió a preguntar, de verdad quieres que lo hagamos, y le respondí, si; pero si no te sientes segura, pues no lo hacemos y la abrace. Se quedó pensativa unos instantes y dijo, esta bien, si lo vamos a hacer, pues de una vez. La verdad me siento nerviosa, me comentó; pero, suspiro y con un gesto dijo, adelante.
Para esos momentos yo estaba eufórico de saber que estábamos a punto de hacer algo nuevo; me sentí como cuando te pasan al pizarrón por primera vez a exponer un tema escolar que poco dominas. Bajé al lobby donde esperaba Memo y con una seña le dije que subiéramos, mientras nos dirigíamos a la habitación, le hable lo más preciso posible acerca de lo que le gustaba en el sexo a Lucy, haciendo hincapié que era la primera vez que hacíamos esto; así también, de lo conservadora que era élla, está bien, dijo él. Llegamos a la recamara y élla nos habrió la puerta, entramos y caminamos hacia un espacio en medio de las dos camas, y ahí parados los tres intentábamos romper el hielo, ella estaba un poco callada y Memo preguntó amablemente, cómo quieren que empecemos.
Lucy dijo mostrando sinceridad, no lo sé, como te dijimos es la primera vez que hacemos esto, y no se como se empieza; yo dejé que fueran ellos los que hablaran y decidieran como empezar. Que les parece si simulamos que somos novios, comento Memo. Si, esta bien, dijo Lucy asistiendo con un gesto mirando a Memo, quien se acerco, mientras Lucy se acomodaba el cabello que caía sobre su cara. Ella lucía guapísima con ese cabello ondulado algo largo, húmedo aún del baño, las zapatillas verdes que traía puestas contrastaban muy bien en la piel blanca de sus bien formadas pantorrillas, que coordinaban a la medida con un vestido de rallas horizontales de colores blanco, fucsia y verde; se le entallaba precioso en sus redondas caderas.
Memo se acerco a ella y la miro de frente y un poco hacia arriba, pues 1.65 cm., más las zapatillas la hacía verse de más estatura. Ella también lo miró sonriendo tímidamente y le contesto con un gracias, cuando él le dijo que tenía unos ojos claros muy bonitos, al tiempo que Memo la tomaba despacio de su brazos acercando su cara a la de ella insinuando un beso; Lucy dejó que se acercara entreabriendo sus labios, cerrando sus verdes ojos claros e inclinando su cuello de lado para recibirlo; el junto su boca a los labios carnosos de ella, en un suave y largo beso, ella empezó a corresponder poniendo las mano sobre uno de sus hombros para acoplarse en el beso.
Así estuvieron en un rico faje; el besaba su cuello al tiempo que le daba la vuelta para tomarla abrazada por la espalda y besando su blanca nuca. Continuó agasajándola de espaldas mientras bajaba sus manos a lo largo de su talle, pasando por sus amplias caderas, siguió hasta sus firmes piernas, que las empezó a acariciar, ella continuaba con sus ojos cerrados, él siguió levantando su vestido que le llegaba a media pierna, hasta sus caderas; la volteó de frente girándola suavemente, sin parar de besar su cuello y boca, metió sus manos por de bajo de su vestido acariciando con delicadeza sus nalgas, susurrándole que si podría bajarle su vikini, a lo que ella le respondo con un gesto que si.
Entonces, subió poco a poquito su vestido encima de su cintura y empezó a desnudar la limpia piel de sus nalgas, su ropa interior calló hasta sus zapatillas y él se agacho frente a ella para acabar de bajárselas y aprovechó para descalzarla delicadamente, la tomos de sus caderas y la dirigió hacia una de las camas, mientras yo observaba desde la otra cama temblando de la emoción de ver a mi esposa besarse y dejándose agasajar por otro. Es una sensación de morbo y celos al mismo tiempo, en un principio; pero, minutos después, me pasó y empecé a experimentar excitación y a disfrutar de lo erótico de ver como otro disfruta a mi esposa.
Lucy correspondiendo se acerco a la cama y se sentó en la orilla acomodándose para lo que imaginó que vendría, él le puso las manos en sus rodillas guiándole las piernas hacia arriba, ella se recostó sobre la cama levantando y abriendo sus piernas al tiempo que se sacaba el vestido por encima de su cabeza y destrababa su brasier, despojándose de esas prendas con cierta prisa; el empujo sus piernas aun más hacia atrás, sus labios se abrieron exponiendo todas la entrada de su cosita y, al momento él arremetió con su boca, empezó a mover la lengua en su clítoris, a darle ricos chupetones en su carnosa conchita; ella contraía su abdomen y puso sus brazos hacia atrás al lado de su cabeza cerrando sus ojos y entregándose a la mamada que Memo le estaba dando.
Luego ella misma se agarró las piernas con sus propias manos, para que Memo le pudiera comer toda su cuquita, él aprovecho para lubricarse los dedos de saliva y se los metió en su vagina mientras seguía chupándole toda su semillita. En esos momentos empezó a quejarse rico, ¡zzzzzzzzzzzzzzz¡, ¡aaayyyy¡, ¡zzzzzzzzzz!, y a hacer gestos de intensa sensación, Memo no paraba de mamársela y dedearla, Lucy se revolcaba en la cama y por momentos gritaba con exclamaciones entre placer intenso; por momentos ella miraba como estaba Memo metido de cara entre sus piernas, apretaba los ojos abriendo la boca y jadeaba como nunca la había visto hacerlo, Para eso ya Mémo se había quitado la ropa y estaba sólo en boxer y calcetas.
Lucy estaba tan caliente que se inclino y lo jalo de un brazo y le empezó a mamar las tetillas, pero seguía con los dedos de él dentro de su vagina; ella le empezó a agarrar la verga, bajó su cara y desesperada se la saco del boxer y se la metió en la boca toda de un sólo jalón, la tomo con una mano y la succionaba con fuerza como queriendo sacar el sabor a sexo del miembro de Memo, a tal grado que él le dijo con un gesto de dolor, suave, más suave. Lucy atendió y disminuyó la fuerza que imprimía a las mamadas. Después de un rato, dejo de mamársela y se le puso de perrito en el borde de la cama ofreciéndole sus ollitos abiertos a su máximo esplendor; conociéndola en sus gusto, ella le estaba insinuando que se la metiera por el culo.
Él volvió a verme, me pidió un preservativo y se lo puso de inmediato, le acomodo la verga en la entrada, empezó a metérsela, aunque no en su chiquito; sin embargo, ella lo recibo por la vagina de igual manera, se empujaba hacia atrás con fuerzas como queriendo más, yo estaba encantado de ver como otro poseía a mi esposa y ella disfrutaba sin limitación otra verga. En ese rato él la tomo y la quito de la cama llevándola hacia un sofá largo al otro lado de la recámara, para ese momento tal era la calentura de ella que se dejaría hacer obedientemente lo que el quisiera, sin embargo Memo la trato en todo momento como un caballero.
Ya en el sofá, la puso de perrito en el borde de cara al respaldo y se la volvió a meter por la vagina, élla por momentos volteaba rápidamente a ver la cara de Memo y queriendo ver como se la metía. En eso, Memo se la sacó de la vagina y se la emboquilló en su culito. Se la enterró toda con fuerza, ella ya deseaba desde hacía un rato que se la metiera por atrás. Lucy empezó a decirle, así, métemela, métemela, !aaayyyy¡, ¡zzzzzzzzz!, que dura la tienes, que verga tan dura. En esos momentos Memo arreció el ritmo y se colgó de la cintura de ella, !aaaagggghhhhh¡, grito de placer Lucy, él acabo de venirse aflojando el cuerpo, pero pegado aún a las nalgas de Lucy. Los dos quedaron exhausto, bañados en sudor después de esa intensa sesión de sexo de casi una hora sin parar.
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