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VIEJA CABRONA

ESTE RELATO LO PUBLICAMOS CON NUESTRO ANTIGUO NICK LUNAGRISW. RESUBIMOS NUESTRA HISTORIA BAJO ESTE NUEVO PERFIL ESPERANDO LES GUSTE. UN ABRAZO DE LYM


Ayer fuimos a un club nuevo. Íbamos emocionados pero también con la incertidumbre natural de lo desconocido.

Escogimos una mesa y a los pocos minutos comenzaron a llegar muchas otras parejas. El lugar se llenó con rapidez.

Luna iba con un vestido muy sexy  debajo del abrigo que llevaba. Y pese al mes de invierno, la noche de ayer  estaba templada, rica.

La clientela era más joven que el otro club al que íbamos. Y pese a que nosotros no somos muy fijados en esas cuestiones, en general sí advertimos que las parejas tenían una mejor disposición para divertirse y pasarla bien.

En cuanto a las dinámicas del lugar, eran básicamente las mismas que todos los demás clubes: hacen algunos concursos de integración, sale un tipo disfrazado de policía a bailar desnudo, y después una chica, y después hacen un numerito en el que cogen frente a todos. Les mentiría si les dijera que a mí me emocionan esos performances, así que Luna y yo optamos por fajar en nuestra mesa mientras los strippers hacían su chamba al centro de la pista.

En cuanto acabaron su show, Luna y yo nos enfilamos al cuarto obscuro. Ya había otras tres parejas, cada una atendiéndose sin interactuar entre estas.

En ese cuarto hay sillones pegados a la pared y a la mitad una cama redonda donde estaba una pareja. La mujer era una dama con el cabello rizado y teñido de rubio; bajita, delgada, con un vestido de animal print.

Ella atendía con esmero a su pareja: un tipo maduro,  con cara de pocos amigos, como de 1.85 de estatura, denso bigote y con  un exceso de peso que rayaba en lo mórbido.

En esa misma cama recosté a Luna. Abrí sus piernas y comencé a darle sexo oral. Me concentré unos instantes en ello; y cuando separé mi cabeza de entre sus piernas, me di cuenta que la pareja ya estaba acariciando a Luna. La mujer tocando el vientre y sus senos,  y el marido gordo besándole el cuello y todo lo que alcanzara su boca.

Pese a que noté a Luna dispuesta a recibir placer, sentí un poco de agobio al ver que la pareja estaba cobrando demasiado protagonismo, por lo cual le pedí que nos moviéramos de ahí.  Ella se incorporó y nos fuimos a unos sillones que estaban al lado. Yo me quedé de pie y Luna se sentó para darme sexo oral.

Y así estábamos cuando el marido gordo también se quitó de la cama donde estaba con su mujer y se sentó al lado de Luna. Su esposa se quedó en cuclillas dándole sexo oral a este.

Luna y yo continuábamos con lo nuestro, pero el marido insistía en tocar a mi mujer. Metía la mano por donde pudiera y cada que Luna tomaba un respiro, el marido aprovechaba para besarla en la boca.

Yo notaba a Luna disfrutar del sexo oral que ella me estaba dando, y sin embargo, también sentí que el marido dejaba poco espacio vital para poder intimar ella y yo.  Como yo estaba de pie y la esposa estaba en cuclillas dándole sexo oral a su pareja, yo no tenía acceso a tocarla; pero el marido sí insistía en alcanzar los labios de Luna.

Entonces Luna besaba al marido y después me mamaba. Después lo volvía a besar y seguía dándome sexo oral mientras el marido esperaba su turno para volver a besar a Luna. Pero Luna es muy perspicaz, así que en una de esas, ella se sacó mi verga de su boca y se la metió a la boca del marido gordo, quien sin empacho alguno comenzó a mamarme también.

Enseguida noté la excitación de mi mujer. Sé que esa fantasía le calentaba, pero no sabía que  pasaría a la realidad tan pronto.

Yo igual estaba caliente por la escena y por ver a Luna tan excitada, pero también un poco abrumado por la sorpresa; pues con todo y lo que creo conocer a Luna apenas voy descubriendo que a ella le encanta darme sorpresas en el momento en el que menos me las espero.

Cuando cobré un poco el sentido, noté que el cuarto obscuro ya estaba lleno. Unas parejas cogiendo, y otras tantas mirándonos.

La esposa hizo venir a su marido y  Luna hizo lo mismo conmigo. Luego de unos instantes en el que intentamos recobrar el aliento, mientras el marido se abotonaba su camisa, puso su puño al aire para que yo chocara mi puño contra el de él, como si fuéramos amigos del  mismo barrio.

Cuando salimos del cuarto obscuro, había una canción lenta que aproveché para bailar con Luna. Ella estaba sudando, aun con su respiración agitada.

Y para bailar, puse mis manos sobre su cintura,  y recordando lo que acababa de pasar, le dije:

-VIEJA CABRONA.

Y como cuando llega la calma después de la tormenta, ella solo sonrió, me dio un beso, pegó su cabeza a mi pecho y lentamente siguió bailando.

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