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UN TRIO INESPERADO

Nosotros no sabíamos que teníamos este tipo de inclinación. Ni siquiera habíamos fantaseado con ello.


Paloma y yo fuimos a Querétaro a un campamento de verano. Instalamos nuestra tienda de campaña y casualmente nos encontramos a Norma; una hermosa mami soltera con sus dos pequeños hijos. Ella era nuestra conocida de muchos años antes. 

Cuando anocheció, resolvimos que para estar más cómodos, sus niños dormirían en los asientos de la suburban. Paloma y Norma en una tienda de campaña que tenía luz y yo dormiría solo en la otra tienda.

Como a las tres de la mañana, en la luz de su tienda de campaña se reflejó la silueta de un hombre que pasó caminando con un enorme machete en su mano, luego de varios minutos regresó y volvió a pasar junto a las tiendas. Enseguida cuando se alejó, de inmediato Paloma y Norma entraron a mi tienda de campaña temblando de miedo, se acomodaron cada una a mi lado y los tres nos abrazamos. No se si fue el temor o la adrenalina del peligro que una cosa llevó a otra y terminamos besándonos frenéticamente, ambas me tocaban de lo mas rico y en un momento comenzaron a fajar entre ellas. Yo no podía creerlo era lo mas rico que había vivido hasta ese momento, porque ver a dos diosas besándose y acaricíándose era como un sueño y allí estaba pasando de verdad.

Comenzaron a masturbarse una a la otra y Norma de dijo- Estoy lista para ti, hazmelo- quise consultarle a Paloma si podía cuando ella se adelantó con esta frase- Hazlo mi amor, no hay problema, deja algo para mi porque yo tambien estoy super calientísima. Entonces sucedió, alternadamente lo hice con las dos y los tres terminamos todos sudorosos con el orgasmo mas hermoso y caliente de nuestras vidas. Estaba amaneciendo. Despertamos todos apenados y nos prometimos que nuestra amistad iba a seguir igual, con respeto y como si nada hubiera pasado.
 
Salí a avivar la fogata para calentar un poco de café y el hombre del machete apareció otra vez diciéndome: Buenos días señor, soy el guardia del campamento y anoche me día mis vueltas vigilando que todo estuviera bien, son setenta pesos del servicio.

Rápidamente le pagué y le dije- quédese con el cambio, son los 200 pesos mejor invertidos de mi vida.
El guardia se fue y yo regresé a la tienda de campaña por otra sesión de lujuria antes de que los niños de la suburban despertaran.
A partir de ahí, Paloma y yo descubrimos otro mundo. A veces nos encontramos a Norma y nos mira con cara de complicidad, siempre nos regala su hermosa sonrisa.